jueves, 26 de octubre de 2017

Comer, rezar porque nuestro inglés mejore, amar lo que lo impide

Juan Carlos García Valdés


La gente dice no aprender inglés porque no tiene tiempo, pero ¿ya nos preguntamos por qué la gente no tiene tiempo?

La gente no tiene tiempo porque un gordo capitalista que ya tiene 30 casas quiere una más. Pobrecito, le falta una en las Bahamas, en Dubai o en Punta del Este y entonces todos estamos en friega para cumplirle su caprichito. Y como él lleva prisa por presumir su nueva adquisición, pues todos tenemos que mostrar la misma celeridad… y por ende el mismo estrés… y por ende la misma estulticia que nos caracteriza cada vez más.


Momento, momento… ni soy tan lento

“Yo no trabajo para ese calvo y gordo capitalista”. Ah no… pero trabajas para uno de sus achichincles o para su hijo o para uno de sus proveedores o para el gobierno que le lame las botas. Y si el gordo, calvo y gruñón tiene prisa, pues esta se multiplica por tres en los que están debajo de él.

La prisa no es un fenómeno que aparezca de la nada. La prisa surge cuando alguien se siente insatisfecho y quiere aparentar algo que no es, rápido, sin reparo, ahora mismo. Sin embargo, lo que necesita para aparentar no está a la mano y es ahí donde empieza el efecto dominó.

Si no tuviéramos que aparentar tanto, viviríamos con mucha menos prisa, y nos quedaría tiempo para lo importante (comer, rezar, amar y aprender inglés), pero hemos caído en la malaria de compararlo todo con todo: tus posesiones con mis posesiones, mis viajes con tus viajes, mis fotos con tus fotos, mi ropa con tu ropa, mis experiencias con tus experiencias, mis likes con tus likes. Hay prisa por aparentar. Y si él pudo, yo también; y si ella tuvo, ¿yo por qué no?


Así vivieron casi todos…

Y cuando llegaron a viejos, de edad, porque de espíritu siempre lo fueron, casi ya en el lecho de su muerte, uno le preguntó al otro: "¿Y de esto se trató la vida?" El cuestionado, que no había podido experimentar mucho más que la prisa del día a día, no supo qué responder y se decantó por afirmarlo: “De esto, al parecer, se trató la vida”, no sin antes publicar dicha frase en Facebook, como quien publica ahí mismo que su blog ya tiene una nueva entrada, esperando que así el número de lectores pase de 2 a 3.


El gordo capitalista…

No tenía tiempo para nada, pues cómo iba a permitir que su riqueza pasara de 42 mil millones a 41 mil millones. ¿Se imaginan la tragedia que eso significaría? No, la verdad no sería ninguna tragedia, pero si el gordo de arriba dice que lo es, aquí abajo es palabra de Dios, te alabamos señor.

Entonces la gente de las empresas no tiene tiempo porque tienen que estar como esclavos cotizándole todo al gordo capitalista y a sus secuaces o a sus proveedores, o a sus clientes, o a alguien que tiene algo que ver con alguien que a su vez tiene algo que ver con el panzón acaudalado.

Mis alumnos que vienen de empresas dicen entonces “teacher, yo si quisiera aprender, pero un gordo quiere una casa y yo necesito dársela”. “No tengo tiempo de nada, ni de morirme ni de vivir, sólo de entrar al SAP y seguir los pasos de todos los días”.


Teacher, pero no sea exagerado…

No todos trabajan. A lo que yo diré: totalmente cierto. Y los que no trabajan, estudian, porque ser nini en este mundo moderno, eso sí que no. Entonces los estudiantes del mundo moderno no tienen tiempo porque están escribiendo el refrito del refrito del refrito que llevará por nombre tesis doctoral o de maestría o de licenciatura o de parvulitos cuatro.

Ah… pero eso sí… tiene que quedar muy bien porque como nadie lo leerá nunca más, pues no nos podemos permitir que esté en el olvido y aparte esté mal redactado y, entonces, el inglés y otras cosas se postergan, se eliminan, pasan a mejor vida.


Bueno, pero hay gente que ni trabaja ni estudia…

¡Los knee-knees! ¡Es verdad! Pero ellos tienen Instagram y Facebook y Snapchat y Twitter y sería un pecado no publicar nada en más de 30 minutos porque “imagínate lo que van a pensar mis followers”.


Y así vivimos, sin priorizar…

Pero no priorizamos porque no hay tiempo de hacerlo, “¿pues qué no ve que tengo 12 publicaciones por comentar?” “Y si no publico, mi audiencia teacher estará sumamente decepcionada” (de lo que has aparentado).


Entre la vida del gordo y tu propia vida…

Escoges la del gordo. “No tengo vida”, un sentido figurado que se vuelve real, una barriga a la que hay que cuidar como si fuera nuestra y de a poco no tendremos su dinero, pero sí se nos va formando ese abultamiento que es señal inequívoca que nuestros tiempos no han sido los que más han importado. Dejamos de comer o comemos de más, no dormimos nuestras horas, no hacemos ejercicio y todo esto nos afecta.


Bueno, pero este es un blog del idioma inglés y su aprendizaje, ¿no?

¿Y qué crees? ¿Que el aprendizaje del idioma inglés no se ve influido por estos factores?

Escucha a los de la derecha y escucha a los de la izquierda y verás que si no practican, siempre es por lo mismo:

1.- “Mi trabajo no me da tiempo”
2.- “Mis estudios no me dan tiempo”.
3.- Bla bla bla
4.- “Mis redes sociales… ahorita lo hago” (obviamente esta es causa real; no causa dicha).


La vida de un gordo vale más que mil palabras

Mil palabras que nos podríamos aprender cada mes, si tuviéramos tiempo, pero también si tuviéramos ganas, si tuviéramos un orden y un método, y sobre todo, si dejáramos el mundo de las apariencias para otro día, otro semestre y otro año.


Pero la vida del gordo lo inunda todo...

Y mis alumnos se quejan de que están "tan atareados", sin saber que lo estarán diez veces más cuando empiecen a trabajar. Y los trabajadores se quejan sin saber que también lo estarán diez veces más la próxima quincena.


Así se va pasando el tiempo...

Y los seres humanos modernos no aman, no comen bien, no expresan lo que tienen que expresar ni aprenden inglés. Pero seamos honestos, el hecho de que no aprendan inglés es lo menos importante, aunque si lo otro nos importa un garbanzo es probable que la lengua inglesa y su carácter esquivo nos dé exactamente lo mismo.


¿Se dan cuenta del problema?

Nos da lo mismo, pero nos acongoja. Nos estresa. Nos preocupa. Nos quita el sueño. ¡Todo lo que nos quita el sueño que no debería de hacerlo! "¿Pero esto qué tiene que ver con un blog del aprendizaje del inglés?", se preguntarán casi todos y yo me limitaré a contestar: 

¿Y qué crees? ¿Que el aprendizaje del idioma inglés no se ve influido por estos factores?

Además de:
1.- No comer.
2.- No rezar.
3.- No amar.

O, dicho en otros términos, "ser los robots en los que nos hemos convertido" (aunque los robots, se rumora, sí aprenden inglés).


Manos a la obra

No, no, no, ¿cuál manos a la obra? Aquí no hay tiempo de nada, ni de pensar. Muévete, muévete, muévete. Finge que corres, que vas de prisa, que nada puede esperar, que todo es urgente. Deja de aprender inglés, por favor. Hay cosas más importantes... como la vida del gordo que se mudará un día a las Bahamas; como la vida de la gorda que lo acompaña.

Puedes compartir cualquier duda, pregunta, comentario o sugerencia escribiendo al correo electrónico juan.garciavaldes@cadlenguas.com

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jueves, 19 de octubre de 2017

El elemento faltante

Juan Carlos García Valdés

Recientemente les pregunté a mis alumnos cuándo había sido la última vez que habían tenido contacto con alguien del extranjero. “¿De dónde?”, me dijeron. “De más allá de Tijuana y Chetumal”, les respondí. Sus ojos se quedaron atónitos. Parece extraño, pero en un mundo globalizado, muchos mexicanos nunca han tenido contacto con alguien del más allá y, sin lugar a dudas, esto está afectando el avance que se puede tener en inglés.

El nuevo examen

La tendencia, ya se los he dicho a muchos de mis alumnos, será la siguiente: en el futuro su examen será un frente a frente con algún nativo del inglés o con alguien del extranjero. “Aquí está John Bradley o Amanda Smith y a hablar se ha dicho”. Nada de que reprobé porque el teacher me odiaba, puesto que John y Amanda serán caras nuevas para los aprendices. Y entonces sí, que cada quien haga uso de lo mucho o poco que ha ido adquiriendo y que los que se hicieron guajes, pato o codornices, paguen las consecuencias de su inacción.

Posibles afectaciones

La falta o escasez de nativos o extranjeros puede ocasionar un monopolio poco deseable: el del listening. “Yo sólo le entiendo a mi maestro mexicano y que tiene acento mexicano”, algo que sólo pasará en el aula, dado que en el mundo real toca hablar con gente que tiene acentos muy diferentes a los nuestros. Con los mexicanos en el 90 por ciento de los casos hablaremos en español.

¿Por qué promover permanentemente entonces una situación ficticia?

Sólo gramática

A menudo nos quejamos de que la gente sólo aprende gramática, pero, a decir verdad, frecuentemente orientamos nuestros cursos para que eso suceda. En otras palabras, no incorporamos el elemento de la necesidad y entonces el avance se complica.

Necesidad y motivación

Hace no mucho, les hablaba en este mismo blog sobre cómo estos dos factores, necesidad y motivación, influían totalmente en el aprendizaje del inglés. Tener los dos prácticamente lo garantizaba; uno lo hacía muy viable y la carencia de ambos ralentizaba o detenía el proceso de aprendizaje por completo.

Bueno, pues una forma de incorporar la necesidad a dicho proceso es por medio de la inclusión de un nativo del inglés o de una persona que no habla la lengua que nosotros hablamos.

En ese caso, el aprendizaje se acelera. Aprendemos en días lo que no habíamos aprendido en años y… ¿saben a qué se debe? A que si no lo hacemos, no podremos comunicarnos.

La persona obligada

Mi memoria es mala, pero aún recuerdo que una persona en un libro que ya no recuerdo (me pasa siempre, lo sé) mencionaba que él había aprendido otro idioma, creo que francés era el que decía, porque se había ido al lugar donde dicha lengua se hablaba y porque no había existido otra opción más que hablar y entender (ahora que lo recuerdo, creo que no era francés, sino Tim Ferris aprendiendo español en la madre patria, ¿o no?).

¿Cuánto daño no le hacemos a nuestro inglés cada vez que nos detenemos y decimos “¿teacher, cómo se dice puerta?” o algo por el estilo?

Lo peor es que los maestros mismos lo permitimos y lo que estamos haciendo en este caso es volver al aprendiz flojo y comodino. Le estamos haciendo ver que siempre podrán recurrir a su primer idioma, cosa que en la vida real a menudo no sucede. O te comunicas o te comunicas.

En lugar de darles la palabra, deberíamos hacerles ver que siempre pueden recurrir a un sinónimo, a una seña, a un sonido, a un dibujo, a una descripción o algo que se le parezca para comunicar lo que tienen que comunicar.

Subutilización de nativos y extranjeros

Tampoco es que no haya nativos o extranjeros en nuestra ciudad. En todas las escuelas donde he trabajado, salvo en una, hubo por lo menos un extranjero, pero la actitud era con frecuencia la misma: el nativo o el extranjero por un lado y el mexicano por el otro.

En la misma Facultad de Lenguas, lo recuerdo plenamente, los alumnos, yo incluido, no hacíamos mucho por asistir a los talleres con ingleses, norteamericanos y canadienses y ahora que lo pienso, éramos muy privilegiados y, a la vez, muy tontos.

En otros recintos, se tiene a los extranjeros y se les pide lo mismos de siempre. “Ve al aula 25 y enseña pasado perfecto”. La combinación ideal se torna en un encuentro cotidianamente monótono, donde aprendiz y maestro no hacen más que lo que casi siempre: perder el tiempo.

A nadie le importa el pasado perfecto, más que a los freaks de la gramática, pero a muchos sí les podría importar saber por qué una chica de Oslo vino a México o cómo es que alguien de Canadá decidió dejar las playas de Kitsilano para dar paso al altiplano mexicano.

Un papel activo

Las escuelas y los docentes deberíamos de convertirnos entonces en una especie de eslabón entre lo conocido y lo ajeno, entre lo cotidiano y lo que queda normalmente afuera de nuestro alcance.

¿Cómo hacer para que distintos nativos del inglés y extranjeros se pongan en contacto con nuestros estudiantes? Esa debería ser una tarea primordial de los departamentos de idiomas y de los maestros de lengua en nuestros centros educativos y no la estulticia de la juntitis permanente y de la consejitis de fin de mes, que sólo es pérdida de tiempo, disfrazada de más pérdida de tiempo.

Mi compromiso

Lo bueno de tener un blog es que puedes escribir tu compromiso y este queda visible a los dos lectores que tienes.

Dos lectores: Yo me comprometo a incluir el elemento faltante a mis clases y a mis cursos, no porque mis alumnos no lo puedan encontrar de otra manera, sino porque al hacerlo les ayudo a incrementar su motivación y/o su necesidad de comunicarse y, por ende, promuevo que aprendan mucho más rápido.

La discusión de antaño

Ya para cerrar, quiero hacer memoria (“¡sí, le hace falta” – no me hagan bullying) y retomar un diálogo que una vez tuve con una maestra a la cual le guardo mucho aprecio, pero con la que casi nunca estuve de acuerdo. Ella decía que no había diferencia entre tener maestros mexicanos y maestros nativos del idioma. Yo, por el contrario, defendía que sí la había.

Un día sí y otro también, ambos nos quedábamos los recesos discutiendo, eso sí, en inglés debo decir, esta situación, y si bien es cierto que siempre defendí mi posición con razones lógicas y a menudo difíciles de rebatir, sólo ahora me doy cuenta de que su postura, la de mi maestra apreciada, era totalmente errada.

Claro que hacen falta nativos y extranjeros en el proceso de aprendizaje, aunque no, tal vez, sólo por la razón que yo argüía en aquel entonces: la razón cultural.

Hacen falta, sobre todo, porque promueven aquello que permite que el aprendizaje de un idioma sea necesario y hasta deseado: promueven el contacto con lo nuevo, con lo insospechado, con lo inaudito y con lo que nos hace ver que nuestro mundo no es tan pequeño como creíamos.

El contacto con personas de otros países y de otras lenguas revela lo maravilloso de los idiomas: la capacidad que tienen para hacernos aprender lo que nunca imaginamos que existía y para conectar con personas que una vez sospechamos tan distantes.

Manos a la obra

Incorporemos a los nativos y a los extranjeros a nuestro proceso de aprendizaje. Desde la trinchera de los alumnos, de los maestros, de las familias y de las instituciones educativas.

¿Y tú, cuándo fue la última vez que hablaste con alguien del más allá?

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jueves, 12 de octubre de 2017

Bases para un mejor listening

Juan Carlos García Valdés

“Nuestro inglés es tan bueno como lo es nuestro listening” y en México parece ser que sufrimos mucho con esta habilidad. ¿Qué hacemos para mejorar? Veamos algunas acciones que nos pueden ayudar significativamente.


Problema #1: Malas curas para diagnósticos adecuados

En nuestro país se da mucho la siguiente situación: hay gente que es muy buena para gramática o para vocabulario, pero que en el momento en el que le toca trabajar con listening se pierde por completo. A menudo lo que ellos piden es: “a mí pura gramática o yo mejor sólo leo”.

Aprenderse las reglas gramaticales o desarrollar la capacidad de comprender textos es importante, pero hacerlo para evitar el encuentro con la habilidad de las habilidades se vuelve un problema.

Un avance en la gramática o en reading no supone un avance en listening. Ya lo dijo el gran Emilio Duró, con palabras menos sutiles: “Si comes cebolla, cuando vayas al baño, harás cebolla”. Pues el que quiera mejorar listening tiene que practicar precisamente listening y no otras cosas.

Lo mismo pasa con los acentos. Por alguna razón, tal vez porque la mayoría de las películas o las canciones que vemos en nuestro país son de Estados Unidos, hay una mayor facilidad, en general, para entender los acentos del país de las barras y las estrellas que para comprender los de 10 Downing Street y anexos. El problema, más allá de la práctica cotidiana del inglés, radica en que la mayoría de los audios de los libros que se usan son de origen británico y en que en las certificaciones normalmente se incluyen conversaciones entre personas que viven cerca del Támesis.

El asunto está diagnosticado, pero no se hace nada al respecto. “Me falla listening, pero practico writing”. “No entiendo a los británicos, pero me pongo a escuchar a los de San Francisco”. El que come cebolla… hace… cebolla. Se acabó.

Regla de oro #1: Para mejorar algo, sea listening o cómo cortar guayabas, hay que hacer ese algo y no otra cosa.


Problema #2: Dejarlo todo en manos del maestro

Ya lo hemos escuchado hasta el cansancio. “Yo no sé inglés porque mi maestro no me enseñó”. Genial. Muy bien. Tal vez cierto. Pero la pregunta que surge es: “¿Y tú qué hiciste?” Porque se vale ser víctima un día, pero ciclo escolar tras ciclo escolar, ya no. En verdad: ¿Qué hiciste para aprender cada día más? ¿Fuiste reactivo? Error: en los idiomas hay que ser proactivos.

Lo anterior enfocado al listening se traduce de la siguiente forma: Vamos a nuestra clase, el maestro pone el audio que toca ese día, entendemos poco o nada, se acaba la clase y nos decimos mediocremente: “¿para qué repasar más si ya fui a mi clase y ya hicimos listening?”.

Honestamente y en tu sano juicio, ¿crees que con los cinco o diez minutos de listening que tu teacher te puso ya es suficiente? Si tu respuesta es afirmativa, vives en un mundo de caramelo.

Imagínate que tus papás te hubieran hablado sólo cinco minutos en español al día cuando eras un bebé tierno y bello. ¿Crees que podrías hablar español ahora como lo haces? Por supuesto que no. ¿Entonces por qué crees que con el inglés va a ser diferente?

¿Quiénes son tus youtubers favoritos en inglés? ¿Tus conferencistas predilectos? ¿Los cantantes o artistas a los que les verías cada entrevista que den? “No, es que el teacher no me ha dicho qué escuchar”. Mediocre, mediocre, mediocre.

Regla de oro #2: Si quieres tener un buen listening, escucha dos horas de material en inglés todos los días. “Ah, bueno, yo ya tuve mi clase de inglés; entonces ya cumplí”. No, no, no. Dos horas adicionales a cualquier clase que hayas tenido y cuando digo diario es diario, no un día sí y cuatro años no (Adenda: obviamente céntrate en los acentos que más te cuesten trabajo).


Problema #3: El círculo vicioso

Como supuestamente no se me da listening, pues entonces no hago nada relacionado con esta actividad. Y como no hago nada, pues no mejoro. Después, como ya todos vieron que no mejoré, pues puedo decir la babosada de siempre: “Es que a mí el inglés no se me da” o en su versión reducida: “Es que a mí el listening no teacher, nada más no”.

¡¡Bravo!!! Muy bien aprendiz mediocre. A mí tampoco se me da jugar cricket, ¿sabes?. ¿Por qué será?? ¿Por qué será??? Formemos una comisión que analice el caso. Convoquemos a consejo técnico. Finjamos todos que estamos pensando. Cara inclinada. Mirada hacia arriba. Mano en la barbilla. Pensamientos colectivos sobre la Tesorito o sobre el pan que nos comimos en la mañana. Respuesta: pues seguramente porque en mi vida me he dedicado al cricket ni un solo minuto.

“Pero teacher, no sea injusto conmigo. Yo me la paso escuchando cosas en inglés todo el día”. Pues puede ser, pero las eliges mal. O sigues escuchando el mismo audio siempre de pollito-chicken o ya te volaste la barda y quieres entender Games of Thrones después de tu primera clase. No, no, no, así no funciona. “¿Y quién es usted para decirme qué funciona y qué no?” Pues alguien que se dedica todos los días a analizar estos problemas y a buscarles solución.

Regla de oro #3: Escucha algo que esté por arriba de tu nivel actual, pero sólo un poco, no muchísimo (Todos los créditos a Stephen Krashen obviamente).


Problema #4: El ruido

“Sí teacher, ahí por donde vivo, pasan muchos camiones y me desconcentro muy fácil”. No, no me refiero a ese ruido mencho. Lo que quiero decir es lo siguiente: Mira, si ahorita me pones un audio de las noticias en japonés, idioma en el cual no sé absolutamente nada, todo lo que digan las personas para mí va a ser simple ruido.

Ahora bien. ¿Mejoraría si en vez de escuchar un audio de noticias en japonés escuchara, digamos, diez o doce al día? Pues no o la mejora sería tan escasa que no valdría la pena.

Así le pasa a mi papá que luego se pone a ver las noticias en CNN en inglés. Él sabe muy poco del idioma de Obama y compañía, pero ahí anda, tratando de pescar algunas cosas en la televisión. ¿Ustedes creen que ha mejorado su inglés con esta acción? No más allá de una u otra palabra que ahora identifica. Para él, todo lo que dicen, nos guste o no, nos parezca o no, es ruido.

Asegúrate, por lo tanto, que lo que estés practicando sea listening y no algo que por tu nivel o conocimiento actuales es simplemente ininteligible. Quien dice que practica inglés porque todo el día escucha música en inglés, debería de ponerse a pensar si realmente entiende algo de lo que cantan o si nada más tararea a lo menso. Si hace lo segundo, no hay manera alguna de que vaya a aprender.

Regla de oro #4: El ruido no cuenta como práctica. La práctica de listening que te ayuda es práctica de algo que entiendes (no tienes que entenderlo todo, pero sí bastante).


Problema #5: Los subtítulos

Este subapartado, por sí solo, da para una entrada completa, para un libro, casi para una enciclopedia. Y la pregunta de los 64 mil pesos es: “Teacher, ¿debería de ver mis series o mis películas con subtítulos o sin subtítulos?”

Las respuestas varían. Unos dicen que con y otros que sin. Y yo digo que lo que, en cualquier caso, hay que hacer es estar conscientes del proceso mismo.

Si ponemos subtítulos, la técnica ideal es sólo voltear cuando realmente sea necesario para entender. Estoy viendo la película; dijeron algo que no entendí; entonces pauso y volteo a ver qué fue.

Sin embargo, tenemos que estar conscientes de que el sobreuso de esta opción puede causar que nos volvamos dependientes de los subtítulos, algo que no queremos porque en las conversaciones de la vida real, pues simplemente no hay subtítulos algunos.

Si, por el contrario, no ponemos subtítulos, lo que sucede es lo siguiente: a veces nos frustramos porque no entendemos nada o sólo muy poco.

Ante esto, cabría regresar a la tercera regla y ver si lo que estamos escuchando es realmente lo que deberíamos estar escuchando o si hemos elegido un material muy por arriba de nuestras posibilidades actuales.

Regla de oro #5: El que siempre usa subtítulos se vuelve dependiente de ellos; Practicar listening siempre viendo los subtítulos es más bien una forma de practicar, en el mejor de los casos, reading (y en el peor de los casos: es una buena forma de perder el tiempo).


Problema #6: No construir las bases para un buen listening

Las bases para un buen listening a nivel individual abarcan: el conocimiento de cada vez más palabras, la capacidad de pronunciarlas correctamente y la capacidad para entender lo que en inglés se conoce como connected speech. Si estamos teniendo problemas con listening, lo más probable es que uno o varios de estos factores no estén totalmente desarrollados.

La primera etapa para un buen listening es entonces el conocimiento del vocabulario que se escucha. Cuando empecé a dar clases y oía que algunos de mis alumnos argüían que no se les daba el listening, pensaba que a lo mejor eso era cierto. “Bueno”, me decía a mí mismo, “a lo mejor a algunos se les dan unas habilidades y a otros, otras”.

Lo anterior, ahora lo sé, es totalmente falso y les voy a decir cómo lo descubrí: Cuando alguien me dice que tiene problemas de listening, le pongo un audio y le pido que repita el sonido. Indistintamente, las personas repiten el sonido. ¿Entonces estamos ante un problema de listening? No, la capacidad para detectar el sonido está ahí. Lo que cuesta es relacionar ese sonido con una palabra que conozcamos. Lo que falta es vocabulario.

La primera base es entonces un buen vocabulario. Algunos dirán que esto es una contradicción con la Regla de Oro #1 (“Para mejorar algo, sea listening o cómo cortar guayabas, hay que hacer ese algo y no otra cosa”), pero yo lo veo más como un complemento. Si queremos mejorar listening, hay que practicar listening, pero por supuesto que tenemos que acompañar esa práctica con todos los elementos que nos permitan no sólo identificar el sonido en cuestión, sino también ligarlo con algún significado.

Regla de oro #6-a: Un buen listening requiere de un buen vocabulario.

La segunda etapa es pronunciar bien las palabras. Si yo sé qué significa un vocablo, pero lo pronuncio estrepitosamente mal, probablemente lo podré reconocer en un texto, pero cuando alguien lo diga, no relacionaré mi conocimiento con lo que escuché.

Regla de oro #6-b: Conocer una palabra implica saber cómo se pronuncia. Saber cómo se pronuncia facilitará identificarla cuando escuchemos.

La tercera etapa es adaptarnos al connected speech, la manera en la que los nativos hablan, a veces sin pronunciarlo todo, a veces con contracciones, a veces uniendo las últimas letras de una palabra con las primeras de la siguiente.

Esto es un problema muy frecuente para los aprendices que sólo tuvieron maestros hispanoparlantes. A ellos les entienden muy bien, pero cuando llega John Smith de Boston o de Leicester, pues se acabó la fiesta. ¿Por qué? Porque los hispanoparlantes por más avanzados que seamos, difícilmente llegaremos al nivel en el cual hablaremos exactamente como nativos del inglés. No digo que sea imposible; lo que digo es que es tan poco común, que la posibilidad de que todos nuestros maestros hayan llegado a dicho estadío (con acento porque a mí me gusta así) es prácticamente nula.

Regla de oro #6-c: A menudo los problemas de listening son problemas de connected speech.

Adenda #6-c: Si queremos mejorar nuestra comprensión de connected speech hay que empezar a utilizar el connected speech cuando hablamos.

Adenda #6-c-2 (ya mejor escribo aquí un password): Cada acento tiene sus propias reglas de connected speech.


Lo que las escuelas, las familias y el gobierno podrían hacer para sentar las bases de un buen listening

En lugar de gastar millones y millones en nuevos programas revolucionarios que sirven para dos cosas (para nada y para nada) y en capacitaciones zonzas, deberíamos de traer a muchos nativos del inglés, no a que sean los maestros en el aula, pero sí para que nos inunden de historias de su infancia, de la vida en Nueva York o en Londres, y de las formas en las que nuestro México lindo y querido difiere de su Escocia fría o de su Australia-llena-de-canguros.

Podrían quedarse a vivir con nosotros un tiempo y deberían de hablarnos siempre en inglés. Que nos repitan y usen caras y gestos, como si nosotros fuéramos otra vez unos bebés bellos y tiernos. Así nos iríamos adaptando a sus sonidos y a sus contracciones, a sus formas de pronunciar y a sus formas de omitir.


Manos a la obra

Mejorar listening se mejora practicando, pero no todas las prácticas son ideales o incluso buenas. Tenemos que pensar muy bien qué es lo que más nos conviene y actuar en consecuencia. Tenemos que ser constantes, elegir bien nuestros materiales e interactuar con nativos.

Sólo así, el listening de los mexicanos mejorará considerablemente.

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jueves, 5 de octubre de 2017

5 Dichos bien dichos para aprender inglés

Juan Carlos García Valdés

A continuación les comparto cómo la esencia de 5 dichos nos puede ayudar a mejorar nuestros hábitos al momento de aprender inglés. A quien le quede el saco (del aprendizaje), que se lo ponga. Y a quien le dé flojera, pues que afronte las consecuencias.


An apple a day keeps the doctor away

Dicen en el idioma inglés que una manzana al día aleja al doctor de nuestras vidas. La verdad, yo no apliqué la de la fruta pomácea y si bien antes iba muy seguido a ver a mi apreciada Doctora Albertina, ahora con una reducción considerable del estrés (emocional, sobre todo), el asunto ha mejorado y mucho.

Mi salud está mejor ahora y eso hay que celebrarlo (sonido de fuegos artificiales y cohetes), pero lo que también está mejor hoy en día es la salud inglesa del que redacta y también de muchos de mis estudiantes. ¿Y saben por qué? Porque los he puesto a leer cada vez más.

Se rumora que el mexicano promedio lee un libro al año, o poco menos, y yo, que ya no leo las decenas y decenas que leía antes (más por elección que por falta de tiempo), sí les puedo compartir con gran alegría que en el transcurso del año he influido directamente para que mis alumnos hayan leído más de 120 libros.

Un texto al día, de preferencia de un nivel que te rete, hará que aprendas enormidades. Así es que la pregunta es obligada: ¿Y tú, qué fue lo último que leíste en la lengua de Shakespeare? (O sea, no en la lengua de Shakespeare, sino en el idioma que nos atañe).


Take no notice of the stupid things people say

La gente habla mucho y hace poco. Cómo le gusta a la gente, de otros planetas y de otras galaxias y de otros mundos, chismear, criticar y apedrearle el rancho a los que tratan de avanzar. Ahí está el chiste de los cangrejos mexicanos que nos sabemos sí o sí y que desafortunadamente tiene mucho de realidad.

Algunos dicen que aprendes inglés porque ya te crees mucho, que porque ya traicionaste a tu pueblo y te crees gringo, que sólo lo haces por aparentar. Que si tu pronunciación es mala, que si las palabras que usas no son las correctas, que mejor deberías aprender otros idiomas o unirte al batallón de a-mí-el-inglés-no-se-me-da-porque-básicamente-no-hago-nada-por-mejorar-y-soy-un-baquetón.

Los mediocres de este mundo se la van a pasar criticando. Es su esencia. Como su interior es tan pobre y tan aburrido, tienen que encontrar divertimento en las vidas de los demás. Si, por el contrario, usaran esa energía para aprender inglés, otro gallo cantaría, pero a su cerebro no los despierta ningún gallo madrugador.

Lo viví cuando era estudiante. Imagínense la ridiculez de estar en una Facultad de Lenguas y tener que lidiar con los que te criticaban porque hablabas en inglés (¡o sea… hello!!!). O la tontería de ir a un café a practicar y que tus amigos no se atrevieran a hablar en inglés porque “¿qué iban a decir los de las otras mesas?”. Pues que digan misa. A este país no se le da gusto con nada, pero también cada uno de nosotros nos fijamos mucho en el qué-dirán-los-demás.

Por eso, yo les recomiendo a todos ustedes que hablen inglés en todos lados. Y que hablen inglés consigo mismos, aunque los tomen por locos o verborreicos. Todo esto mejorará su fluidez y tarde o temprano los acercará al nivel que quieren.

Y no salgan con que no hablan inglés porque sus amigos no saben o no quieren. Si sus amigos no hablan inglés o no quieren, cambien de amigos, de verdad. Yo sé lo que les digo. “Somos el promedio de las cinco personas con las que pasamos más tiempo” (Jim Rohn) y si te la vives con puros monolingües, pues no te auguro muy buenos resultados.


Two in distress make sorrow less

No se me hace raro que en un país tan poco acostumbrado a trabajar en equipo, casi nadie haga hincapié en el hecho de que es importantísimo formar un equipo para ir mejorando nuestro inglés. “¿Trabajo en equipo? ¿Y eso qué es? ¿Y eso cómo se come?”

El proceso de aprendizaje del inglés tendrá sus baches, sus momentos críticos, sus días en los que no querrás hacer nada, en los que preferirás tirar la toalla y es en esos momentos en los que necesitarás a gente que:

1.- Te motive.
2.- Te rete.
3.- Te buleé (sí, leíste bien).
4.- Te comparta estrategias y materiales.
5.- Te consuele cuando tus metas lingüísticas no vayan del todo bien.
6.- Te rebase gachamente. Si alguien te rebasa y ese alguien te cae bien, es probable que su inercia te jale y termines aprendiendo más.
7.- Te guíe y te oriente.
8.- Te corrija.
9.- Te permita descubrir nuevos horizontes.
10.- E incluso te ayude a estar bien emocionalmente. A menudo negamos la conexión emociones-aprendizaje y ese es un gran error.

No significa que tengas que encontrar a una persona que cumpla con todos los aspectos anteriores, pero sí que hagas todo lo posible por rodearte de gente que influya positivamente en lo que quieres lograr: mejorar en gran medida tu nivel.


Long absent, soon forgotten

Ándale. Juégale al mago. Piensa que por tu linda cara o por tu gran talento el inglés se te va a quedar sin que practiques. No, no, no. Ya ves que Messi, Messi, Messi, el que a muchos les parece el mejor jugador del mundo y de la historia, y que a mí me parece como el quinto o sexto, está a punto de quedarse sin Mundial. No es el talento el que te llevará al éxito, sino la disciplina diaria.

Cada día que te ausentes, tu inglés lo pagará. Cada día que no seas consistente, el músculo se irá debilitando. Pero síguele de poquito en poquito, al fin que no hay prisa. Vas a crecer, vas a morirte y vas a renacer siete veces, o nueve si consigues algún pasaporte VIP, y yo creo que a este ritmo, ya como en la sexta vida podrás pasar del “Hello, how are you?”

Auséntate y pronto mucho de lo que sabías se irá por la borda. Long absent, soon forgotten.


He that would have the fruit must climb the tree

¡A cuántos he visto decir que quieren realmente un excelente nivel de inglés, pero no hacen nada por lograrlo! Querer y desear son acciones fáciles. Lo difícil es despertarse todos los días a las cuatro de la mañana y practicar. Lo difícil es quedarse una hora más en la noche, cuando tus ojos ya se están cerrando. Lo difícil es hacer lo que te toca, cuando muchos de los que te rodean te incitan a que no lo hagas. Lo difícil es recorrer el camino sinuoso cuando hay tantas distracciones. Lo difícil es lo fácil, pero somos seres humanos y vivimos en la época de la eterna ligereza y del atolondramiento perfectible.

“El que quiera azul celeste, que le cueste”. Y cuesta menos de lo que creemos, si tan sólo seguimos los pasos de los que ya lo han logrado y no queremos inventar el hilo negro.


Manos a la obra

En los refranes y dichos hay mucha sabiduría. Si queremos aprender realmente, necesitaremos mucha disciplina, mucha tenacidad, un buen equipo y la capacidad de no hacerle mucho caso a los comentarios de los demás. Entre más temprano nos demos cuenta de esto, mucho más rápido será nuestro avance hacia la cúspide que queremos alcanzar.

Hace falta disciplina y constancia, más que buenas ideas. Yo sé lo que les digo.

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jueves, 28 de septiembre de 2017

El regalo de la libertad y la valentía: Bases para replantearnos casi todo, incluido el aprendizaje del inglés

Juan Carlos García Valdés

Las cosas cambian cuando uno menos se lo espera y mi vida cambió una noche de viernes de 2006. Se preguntarán ustedes si conocí al amor de mi vida, si me puse malacopa y me accidenté, si me volví fan del Cruz Azul o si me detectaron una enfermedad que sólo la alegría es capaz de curar, pero nada de eso ocurrió. La verdad es que mi vida cambió al estar viendo un programa de televisión. Les cuento qué pasó.


Lo que ocurrió

Ese viernes estaba yo cambiándole de un canal a otro, sin decidirme por algún contenido en especial, cuando de pronto me encontré con un programa, cuyo nombre no recuerdo, pero que refutaba prácticamente todo lo que se conoce del SIDA. En pocas palabras, las personas entrevistadas, científicos, doctores, enfermos, periodistas, y creo que hasta un Premio Nóbel, señalaban que el VIH no era la causa del SIDA y que todo era parte de un gran engaño o un gran error.

Honestamente, me llamó la atención que una postura tan abiertamente disidente fuera tratada en televisión abierta, pero lo que literalmente me cambió la vida fue el hecho de que por primera vez puse en entredicho todos los paradigmas que habían regido mi existencia.

Si nos podían estar engañando con el SIDA, la supuesta gran epidemia de finales del Siglo XX, nos podían estar engañando con casi todo lo demás. Así, mi mente se empezó a interesar por otros temas y pronto me vi leyendo y cuestionando las supuestas verdades del cáncer, del falso calentamiento global, de Auschwitz, de la llegada del hombre a la luna y del 11 de septiembre, entre muchos otros más.

No es que siempre me haya convencido la versión disidente de cada tema. Así las cosas, por ejemplo, la versión de la tierra plana me parece muy difícil de creer, si bien siempre guardo una duda razonable, pero la versión oficial del 11 de septiembre, esa sí, me parece ridícula. 

Después de haber visto cientos de videos, documentales y entrevistas, cada vez mi intuición me dice más y más que el 11 de septiembre de 2001 no hubo aviones que se impactaran contra el WTC; de haberlo hecho, una parte del avión habría caído al suelo, pero en las imágenes repetidas una y mil veces, los supuestos aviones logran pasar íntegramente las estructuras de acero, algo que es, por decir lo menos, inaudito y parece más bien resultado de un trabajo de efectos especiales distribuido en contubernio con los grandes medios de comunicación.

No me interesa convencer a alguien de algo, pero sí soy una persona a la que no le gusta dejarse llevar por lo que la borregada dice o por lo que los libros científicos señalan, sobre todo, en un período en el cual, la ciencia está, en gran medida, al servicio del mejor postor.


El mundo es pequeño

Saltemos del 2006 al 2010. Un buen día de julio, uno de mis dos mejores amigos me invita a desayunar a su casa y yo acepto con gran alegría. Para ese entonces, mi cabeza ya es un cúmulo de disidencias que busca sobrevivir en un mundo que se ha convertido en un sinfín de mentiras.

Toco a la puerta, mi amigo abre y nos dirigimos al desayunador. Para mi sorpresa, ese día el papá de mi amigo está en casa (normalmente estaba de viaje atendiendo asuntos de sus empresas). No es que no lo conozca, pero ciertamente he convivido poco con él. Muy amable me pregunta qué quiero y cuando respondo que huevos revueltos con jamón, él mismo se ofrece a prepararlos.

En el desayuno hablamos mi amigo, su papá y yo de distintas cosas, lo mismo de siempre: la familia, el futbol, la política y poco más. Pero todo cambia cuando minutos después de haber terminado, mi amigo recibe una llamada y se disculpa por unos minutos.

Nos quedamos solos en la mesa, el papá de mi amigo y yo. Yo no sé de qué hablar ahora, pero él toma la batuta y me pregunta por mis libros (en aquel entonces yo me dedicaba a escribir obras de teatro y ya se habían publicado tres de ellas). "Todo va bien", le respondo. "Estoy viendo las opciones para el siguiente proyecto", le digo.

"¿Sabes?", dice él. "A mí me gustaría escribir un libro y tomando en cuenta que tú ya has escrito algunos, creo que podrías ayudarme". Yo asiento y con curiosidad le pregunto qué tiene en mente. "¿Sería una novela, una obra de teatro, algo sobre su experiencia empresarial?"

Él por primera vez luce incómodo. Guarda silencio por un momento y después agrega: "Tal vez te vaya a sonar extraño todo esto Juan Carlos, pero yo hace algunos años produje un programa sobre el SIDA". Mi mente se ilumina. "Un programa que fue muy controversial", dice. "Y ahora me gustaría escribir un libro sobre esa misma idea". Cuando estoy a punto de intervenir, él continúa: "Pero no trata de lo que sabemos del SIDA, sino de lo que nos han ocultado. Lo siento, pero tal vez tú no sepas nada de esto".

"Lo sé todo", le contesto y luego le menciono los nombres de varios disidentes renombrados: Peter Duesberg, Kary Mullis y Christine Maggiore. "Yo vi ese programa; yo vi ese programa y ese programa cambió mi vida".

El papá de mi amigo sabe de lo que estoy hablando. Él sabe que estoy mencionando nombres prohibidos, casi tabúes, e inmediatamente me pide que lo acompañe a una bodega cerca del jardín de su casa. "¿Has leído el libro de Christine (Maggiore)?", me pregunta y yo digo que no. "No sé dónde encontrarlos", respondo. Caminamos hasta una cómoda y mientras yo me pregunto qué sacará de ahí, él dice: "Yo lo tengo. Tengo muchos libros de este tema. Ten. Te regalo el de Christine y también el de Peter Duesberg".

Desde ese momento, atesoro ese par de libros como pocas cosas en la vida y ahora que el papá de mi amigo ya falleció, de vez en cuando regreso a ellos y me acuerdo de su valentía para tratar temas que a otras personas les parecen innecesarios o incómodos; me acuerdo de su valentía para, sin saberlo y sin planteárselo, cambiar mi vida para siempre. Si pienso en libertad, pienso en ¿Qué tal si todo lo que crees acerca del SIDA FUERA FALSO? (Maggiore) y en Oncogenes, aneuploidía y SIDA (Duesberg) y recuerdo su promesa que ya no llegó a concretarse: "Un día voy a traer a la casa a Roberto (Giraldo; otro de los grandes disidentes), para que le preguntes todo lo que quieras".


Valentía y libertad contra imposición y silencio

El papá de mi amigo me legó esos dos valores: valentía y libertad, y pronto descubrí que si se puede hablar con valentía y libertad de un tema tan espinoso como el SIDA, también deberíamos de hacerlo en torno a los temas que nos importan personalmente.

No se trata de firmar declaraciones como las de Durbán, en las que un grupo de científicos negocia o impone la ciencia, que más bien parece religión, sino de debatir abiertamente sobre las mejores maneras de resolver problemas específicos. Pero claro que con la cantidad de intereses de los gobiernos, la élite y la industria farmacéutica, eso es complicado. Ellos no buscan soluciones, sino el crecimiento de un negocio, sin importar si eso tiene como consecuencia más enfermedad y más represión.


El tema que a mí me importa

Una voz tan disidente como la mía entra siempre con mucha cautela y sospecha a revisar los libros, las publicaciones y las supuestas verdades absolutas y cuando estudié mi licenciatura, esto no fue la excepción.

Mis maestros me decían que me leyera un libro o el otro y yo después de cinco páginas me convencía de que eran una sarta de barrabasadas.

Mis maestros me decían que el inglés se aprendía de una forma y toda mi experiencia refutaba lo que ellos decían. "Pero lo dicen los libros Juan Carlos", a lo que siempre responderé: "Pues los libros pueden irse a la basura". 


La relación entre los medicamentos tóxicos y las clases

El libro que ya les mencioné de Christine Maggiore, ese regalo de aquella mañana de julio, está repleto de frases como las siguientes:

"Son esos medicamentos, y no el virus, los que matan a las personas que resultan positivas" (Maggiore, p. 158).
Michael Koslosky.

"No creo haber estado enferma de SIDA, pienso que me envenenó el AZT" (Maggiore, p. 162).  (El AZT es un medicamento antirretroviral).
Kris Chmiel.

"Soy un sobreviviente porque alguien tuvo la valentía de decirme la verdad sobre la mentira del VIH=SIDA=Muerte. Me refiero a una mala ciencia, en manos de un mal gobierno" (Maggiore, p. 174).
Scott Zanetti.

"(...) Para entonces, varios de mis amigos habían sido diagnosticados con SIDA, a todos les dieron AZT, y todos se murieron en menos de un año" (Maggiore, p. 158).
Don McCoy.

"(...) Resulté positiva en 1989 y he vivido con bienestar y sin medicamentos durante diez años. (...) Después de ver a mis amigos enfermar y morir debido a que se han sometido a terapias de fármacos para el SIDA, decidí que las medicinas para el VIH son un veneno (...)" (Maggiore, p. 154).


El proceso de la muerte

Sin querer convencer a nadie, el proceso descrito por muchísimos enfermos parece ser, en términos generales, el siguiente: 1) reciben un diagnóstico positivo de VIH, si bien no tienen síntomas o molestias; 2) el impacto del diagnóstico hace que su sistema inmunológico se vea afectado, 2) se les administra un conjunto de medicamentos tóxicos; 3) después de no mucho tiempo fallecen.

Este proceso, extremadamente simplificado aquí, deja entrever que muy probablemente la causa de los decesos sea la medicina y no la enfermedad en sí.


Paralelismos

Analicemos la enfermedad que más nos interesa aquí: la imposibilidad de aprender inglés. En un momento dado recibimos un diagnóstico que en este caso llamaremos negativo o simplemente nos empecinamos en crearlo: "a usted el inglés no se le da", nos dicen muchos de nuestros maestros o "a mí el inglés simplemente no me entra", es lo que nos repetimos una y otra vez.

El impacto de esta supuesta realidad hace que nuestra motivación y nuestra disciplina se vean seriamente mermadas. ¿Para qué repasar o practicar si no hay forma de que yo aprenda?

En este momento, viene la receta médica. "¿A usted no se le da el inglés? Le tenemos la medicina perfecta: un curso por aquí, otro por allá y muchos más después, todos cargados de gramática y cosas innecesarias". El alumno no entiende nada y culpa al maestro, al sistema, a Dios padre, a sí mismo y a lo que se le ponga enfrente. "¿Ya vieron cómo el inglés a mí no me entra?"

Cada clase a la que asiste lo convence más de que la lengua inglesa no es un idioma que sea para él o para ella. Su deseo de aprender fallece. Le queda un remordimiento permanente hacia ese idioma difícil. Así vamos formando una nación de monolingües frustrados, como la industria farmacéutica va creando un pueblo de enfermos. Lo que parecía el remedio, termina por matar.

Los que se abstienen de la toxicidad se salvan; los que se abstienen de las clases avanzan y aprenden. ¡Vaya paradoja! Pero a nosotros no nos gusta detenernos a pensar. Todo hay que vivirlo rápido, con prisas y seguir creyendo que hay aviones que se incrustan en estructuras de acero.

¡¡Valentía y libertad para transformar, revolucionar y replantear el aprendizaje del inglés!!! Pero esa valentía y esa libertad no se piden, se arrebatan.


Manos a la obra

El aprendizaje del inglés, como la cura de muchas enfermedades, como muchos otros aspectos de nuestras vidas requieren un replanteamiento severo. Necesitamos alejarnos de los paradigmas tradicionales con los cuales nos hemos envenenado. VIH=SIDA=Muerte. Clases=Aprendizaje=Inglés.

No enunciemos una verdad absoluta, no desarrollemos nuestra propia Declaración de Durbán. Escuchemos lo que nuestra intuición nos dice. No nos dejemos llevar por lo que la mayoría piensa, si es que la mayoría acaso piensa.


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