jueves, 25 de enero de 2018

Cuatro tipos de personas

Juan Carlos García Valdés

Hay cuatro tipos de personas en la vida: los que te crean problemas a propósito, los que ni se meten contigo, los que tienen buena voluntad y te proponen soluciones y los que, muchas veces sin siquiera preguntarte, implementan esas soluciones para que tú estés tranquilo y/o feliz y de lo que los quiero convencer el día de hoy es que incorporen a su vida a la mayor cantidad de Tipo 4s. ¿Tipo 4s? ¿Qué es eso? ¿Y qué tiene que ver con el inglés? Lo sabrán todo en un momento.


Tipos de tipos

Aclaremos primero lo de los tipos, tipo que es importante:

Tipo 1: Crean problemas incluso donde no los hay. Se la pasan criticando, haciendo chismes y emanan generalmente una energía negativa. Siempre ven algo sospechoso y algo truculento en el progreso de los demás, pero pocas veces se dan cuenta de que el problema son ellos y su visión del mundo. Sería bueno recomendarles que se compraran una vida y sale bye, fuera de nuestra vista, de nuestro mundo, de nuestro day a day (obvio no se dice así, pero me gustó como suena).

Tipo 2: Gente que normalmente no nos causará problemas, pero que tampoco nos aportará gran cosa. Tal vez la mayoría.

Tipo 3: Estos muchachos son buenos, de verdad. Cuando tenemos un problema, se esfuerzan por darnos varias alternativas, si bien, como a menudo pasa en todos lados, estas se encuentran un poco contaminadas por sus propias ideas locas, inexperiencia y aversiones. Sea como sea, si sabemos diferenciar entre lo bueno y lo malo de lo que nos ofrecen, nos podemos llevar muchas cosas positivas de estos bodoquitos.

Tipo 4: Los Dioses del Olimpo. Los Másters de los Másters. Si te encuentras con uno o varios de este tipo en tu vida, no los dejes ir, por lo que más quieras. Ellos no sólo te sugerirán qué hacer, sino que pondrán manos a la obra de inmediato para que estés mejor, para que crezcas como persona, para que progreses, disfrutes o lo que sea necesario en ese momento de tu vida. Más bien escasos. Puedes llamar al 01-800-NECESITO-UNO para colocar tu nombre en la lista de es pera, manzana, sandía, papaya, guayaba o fresa-kiwi.


Ejemplos de tipos

Pongamos las cosas más sencillas, que aquí no estamos en tesis (tediosa y sin sentido) de licenciatura (que nadie leerá, gracias a Dios padre) ni en coloquio de intelectuales venidos a más, ni en tertulia de críticos literarios, ni en junta de académicos, ni en nada que se le parezca o asemeje-ja-de-je… ah no… ese era aserejé-ja-de-je.

Supongamos, sólo por el simple hecho de suponer, que yo olvido un libro importante en mi oficina que versa sobre el tema que estaré impartiendo el día de hoy en mi bella clase intitulada “Palitos y bolitas 4” (que ustedes pueden cambiar por lo que más refleje su realidad: Principios de coaching, La teoría de la relatividad, Palitos y bolitas de queso 2, Macramé, o Principios de la Arquitectura Deconstructivista).

Muy bien. Entonces compartámosle nuestro problema a cada tipo, a ver qué nos dicen:

El tipo 1 nos diría algo así como: No me sorprende. Eres tan tonto. Siempre te pasa. De seguro se te olvidó porque te fuiste con tus amigotes a degustar la vid. No fuera el libro que te dio mi peor enemigo porque ese nunca se te hubiera olvidado y etcétera, etcétera, etcétera hasta el infinito y más allá.

Por su parte, el tipo 2 nos diría que “ya qué” y san se acabó la historia. Ni le va ni le viene, ni tiene vela en este entierro, ni se va a enterrar porque nos estemos muriendo, ni va a pasar nada de nada, cero punto cero, cero a la izquierda, lo mismo que si se hubiera muerto una mosquita en Vanuatu. Él o ella se tapan un ojo, se tapan el otro y nada que ver.

El tipo 3, mientras tanto, nos diría que hay muchas opciones: que podemos llamar a un Uber y pedirle que nos la traiga, si bien, tal vez, eso implicaría darle la llave, que podríamos pausar la clase y solicitarle a alguien que nos eche un ride para recoger nuestro cuadernillo, que podríamos rezar para que por arte de la Divina Providencia nuestra notebook arribase o que simplemente podríamos buscar parte del contenido en internet, Wikipedia o vayan ustedes a saber dónde, lo cierto es que el mundo no se acaba y hay opciones.

El tipo 4, se te queda viendo con cara de “qué bonita es la vida”, agarra la llave, te dice que empieces tu clase y mientras tú comienzas, él o ella se van por la libreta. Asunto arreglado. Tienes lo que querías. No hay culpas ni recriminaciones. No hay sospechas ni nada de nada.


Pequeña confesión

Antes, cuando era inexperto y tonto, feo y pobre, yo le daba cabida a todos en mi vida. No importaba si eran tipo 1, 2, 3 o 4, yo abría mis brazos y les dedicaba parte de mi entonces mísero tiempo.

Sin embargo, ahora que he crecido un poco más, aunque todavía soy un niño, ahora bello y un poco más inteligente, me he dado cuenta que gran parte de tu felicidad en la life radica en el hecho de saber a quién sí abrirle la puerta y a quién de plano no.

Así las cosas, si antes todos eran bienvenidos en la viña del señor… García, ahora los requisitos para obtener el visado permanente sí que se han puesto intensos y vamos por más.

La gente que me crea problemas, sobre todo intencionalmente, prontamente sale de mi esfera como si yo fuera Marco Antonio Rodríguez, Draculín o Chiquimarco, y tuviera a la mano un par de tarjetas rojas que puedo usar como torero.

La gente que ni fu ni fa pues no me causa problemas, pero cuál es la razón de tenerlos cerca de mí, si son muy grises para mis colores radiantes. Me voy alejando, por lo tanto.

La gente que me propone soluciones, bienvenida. Los escucho, aunque no siempre concuerdo y les agradezco el tiempo que se toman en buscar que yo esté mejor.

Ah, pero eso sí, los que quieran conseguir el visado permanente deben volverse Tipo 4s, no porque quiero que sean perfectos, sino porque quiero saber que a mi alrededor sólo hay gente a la que le interesa que yo esté bien y que, si por algo no lo estoy, se pondrán las pilas para que pronto lo esté. Esto claro está, no es egoísta, ya que entre los Tipo 4s, como dirían en mi película favorita, obvio una de cine de arte, the feeling is mutual (aunque en estos casos del feeling al hecho no hay mucho trecho).


¿Y esto qué tiene que ver con el inglés?

Pues todo. Si la calidad de su vida dependerá en buena medida de la calidad de gente a la que tengan al lado, el secreto para la calidad de su inglés no versa por otros caminos.

Supongamos que queremos practicar y veamos las reacciones y frases comunes de cada muchachón:

Tipo 1: ¿Para qué quieres el inglés? ¿Te crees muy bilingüe o qué? Ya deja de creerte gringo. El inglés es muy difícil. El inglés simplemente no se nos da. Lo pronuncias del nabeishon. Lo hablas bien feo y aparte era de esperarse. Ya dedícate a otra cosa. No seas ñoño, ya deja de estudiar. Yo no voy a practicar con alguien como tú. Qué miedo practicar. Blablabla…

Tipo 2: Está bien que practiques. Sale bye, te cuidas.

Tipo 3: Podríamos buscar a nativos para hablar. Podríamos viajar a Londres, Liverpool y Tiendas de Francia para practicar. Te voy a recomendar unas apps. Podríamos ir al café y hablar in English. Podríamos buscar canciones en internet y traducirlas. Podríamos y podríamos y podríamos, aunque poco se concreta normalmente.

Tipo 4: Mañana tienes una cita con un nativo para practicar. Es mi amigo y le pedí que te ayudara. Lo ves en Starbucks de Plaza del Corolario a las 9. Te inscribí a un curso en Escocia. Te quedas en mi departamento. Empiezas el próximo mes. Te compré un libro para que lo leas. Te compré estas revistas para que las uses. Sólo te voy a hablar en inglés, así es que ponte las pilas o sucumbe. Vamos a cantar en inglés ahora mismo. Bajé esta app para que practiques. Te ayudará a mejorar específicamente tu… tu… y tu… . El próximo verano nos vamos a Estados Unidos. Tu boleto de avión ya está pagado y también la estancia en los hoteles. Vamos a practicar como nunca antes.


Hazme un mundo de caramelo

Muchos lectores podrán pensar que aspirar a tener Tipo 4s en sus vidas es un sueño guajiro. Eso sólo pasa en las telenovelas. No seas naïve.

A lo que yo les respondería lo siguiente: se les olvida que el secreto para estar rodeado de Tipo 4s es, precisamente, convertirse en Tipo 4 primero, sin tratar de obtener nada a cambio, sólo por el gusto de ser la mejor persona que podamos ser cada día y en el caso del inglés el mejor hablante posible en cada momento.

Como relata Brendon Burchard, palabras más, palabras menos, tal vez la verdadera influencia radique en el hecho de dejarnos influenciar (por las personas que valen la pena, claro está).


Manos a la obra

¿Quiénes son tus Tipo 4s? ¿Cómo puedes incorporar a más Tipo 4s a tu vida? ¿Ya eres tú un Tipo 4? Si la respuesta es no, ¿qué esperas?

Influye y recibirás mucha influencia positiva. Cambia vidas y tu vida cambiará. Pasa de la sugerencia a la acción y ve cómo los resultados fluyen, para ti y para los que te rodean.
  
Puedes compartir cualquier duda, pregunta, comentario o sugerencia escribiendo al correo electrónico juan.garciavaldes@cadlenguas.com

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jueves, 11 de enero de 2018

Amo al Brandon: Conceptos para transformar nuestra vida y nuestro inglés

Juan Carlos García Valdés

Este año llevo 30 kilómetros corriendo (comparados con 400 metros del año pasado), estoy a punto de terminar mi primer libro leído, he visto mucho más a mis amigos y familiares, he cantado más, he sido mucho más efectivo al momento de motivar a mis alumnos y, la verdad, todo se lo debo a una persona: todo se lo debo al Brandon.

El Brandon la verdad no se llama así, pero es que cuando le conté a my sister sobre este individuo ella decidió modificar un poco el nombre original, de Brendon a Brandon, y pues quién va a negar que esta versión tropical no tiene una connotación singular que llama, atrae y cautiva, y pues este blog necesita rating.

Brendon es en realidad una forma de llamar a Brendon Burchard, un autor, conferencista y coach muy exitoso, y déjenme les platico, aquí entre nos, que hay tres conceptos que me han atrapado de él y que me gustaría que ustedes también los conocieran. Tal vez y como a mí me sucedió, a ustedes también les cambian la vida positivamente. Obviamente me enfocaré aquí al aprendizaje del inglés, pero ustedes pueden, claro está, llevar estas nociones a sus propios terrenos.


La predicción de las metas que se cumplirán

Apenas después de haber llegado a territorio Brendon, su página me preguntó si no quería hacer un pacto que por un momento pensé que iba a ser fáustico: proporcionarles mi correo a cambio de que me dejaran descargar el documento denominado 10 Predictors of Success. Le vi cara confiable al Brandon y me dije que la verdad sí estaba interesado en saber cómo se podía predecir el éxito. ¿Acaso aquello era posible? ¡Santo cielo!

Me apresuré a poner mi dirección electrónica y una vez que terminé de teclear el punto-com tuve acceso a una joya de esas que no se encuentran ni en El Dorado. Lo que propone Brendon es que uno puede saber si alcanzará o no sus metas y sueños incluso antes de mover un dedo y en uno de sus videos sugiere que se vayan contestando las diez preguntas con algún objetivo en concreto que tengamos.

Tú di salta y yo rano… o no sé muy bien cómo va el dicho, pero lo cierto es que, ni tardo ni perezoso, me propuse contestar ese bello quiz, aunque como siempre he sido un poco reacio a seguir las órdenes al pie de la letra, pues le tomé prestada su meta a una de mis alumnas y me aboqué, cual aguacate Hass o Zutano, sin la ayuda de ningún mengano, a ver si ella algún día hablaría bien la lengua de la Margaret, aunque me refiero aquí a la de Little Britain y no a la Thatcher. Conclusión: lo hablará muy pronto y muy bien.

No es espacio ni momento para contarles los recovecos del documento, pero sí puedo decirles que hubo un factor que me sorprendió dado el hecho de que casi nadie lo considera en las clases de inglés: la identidad futura.

En pocas palabras, lo que este aspecto indaga es si nuestra meta está estrechamente relacionada a la manera en la que nos visualizamos a nosotros mismos en el futuro y para bien de mi student y para mal de muchos otros students, ella recientemente dijo que quiere ser una excelente teacher de inglés (no era su plan en un inicio), y pues la visualización, en su caso, está más que cubierta (no porque todos los teachers la vayan a tener, sino porque puedo ver en ella una pasión por el idioma que casi nunca encuentro).

Digo asimismo que esto es para mal de muchos otros students porque desafortunadamente la mayoría de la gente que quiere aprender un idioma, English en este caso, se lo toma muy a la ligera: de vez en cuando aprenden una palabra, de vez en cuando dicen algo, de vez en cuando medio escuchan, medio leen y medio componen, y muchos años después los vemos en el lechugón (o lechón, como prefieran… es broma obvio) de su muerte con una frase que versa: “Ya ahora sí me voy a poner las pilas para aprender inglés”.

De acuerdo con los predictores de Brendon estas personas jamás aprenderán la lengua franca, y eso es cierto, debido a que, entre otras cosas, jamás pusieron nada en riesgo para alcanzar su meta. Ellos son ellos y si aprenden o no aprenden nada cambia y por lo tanto no aprenden. Si hubieran escrito en sus redes sociales “de aquí a un año hablaré inglés o de lo contrario seré un mediocre”, seguramente hubieran logrado mucho más, incluso si sólo fuera para evitar esa etiqueta negativa.

Ya les dije que no les hablaré de todos los indicadores aquí, que para eso pueden visitar directamente a Brendon en su casa virtual, pero sí que les diré que hay al menos uno más que me parece que se olvida mucho: el apoyo social.

¿Cuántas veces no les he preguntado a mis alumnos y alumnas que me digan quiénes forman parte de su equipo para aprender inglés para que me terminen contestando: “Pues tú nada más”? La verdad está bien que yo ayude a que mis alumnos progresen, esa es mi chamba después de todo, pero si el equipo somos solamente él y yo o ella y yo, pues la cosa está, pardon my French, más bien jodida.

Si queremos ser exitosos en la consecución de una meta, es preciso que tengamos un teacher, un coach, un confidant y también un mega chismoso al lado, un grupo de amigos, algunos nativos, y más y más gente que nos ayuden a hablar cada día más, a entender cada día más y a divertirnos en el proceso cada día más. Pero como buenos mexicanos que somos, a menudo le restamos importancia al trabajo en equipo y lo queremos hacer todo solos y a nuestra propia manera.


PQO

De esto sí, los mexicanos no tenemos ni idea. Para serles franco, como Guille o como René, yo también desconocía por completo este término hasta hace algunas semanas. Pero, ¡oh sorpresa!... gracias al Brandon ahora sé de qué se trata y lo puedo aplicar a mi vida diaria o, por qué no, para sonar con más caché, a mi cotidianeidad.

Pronunciado en inglés, pi-kiu-oh ya es algo que podría repetir hasta que un título del Cruz Azul nos despierte porque suena bello y cool. Pi-kiu-oh, pi-kiu-oh, pi-kiu-oh, como el getcha getcha getcha o el meetcha meetcha meetcha.

Y ante tanta revoltura se preguntarán ustedes de qué va el meetcha meetcha meetcha, pero la verdad yo sólo estoy aquí para contarles que si mejoraran su prolific quality output, otro gallo cantaría.

“¿Y ese prolific no sé qué output cómo se come o dónde se ordena?”, estarán ya indagando algunos bodoques. Pues yo lo entendí de la siguiente forma: se trata de aquello que podemos producir que es altamente valorado en nuestro campo y para no andar con medias tintas, me arriesgaré con un ejemplo bárbaro: Messi o Cristiano, en el mundo del fútbol, son los que más PQO tienen, puesto que lo que más se valora en el calcio son los goles y la generación de juego y pues estos muchachos tienen tela de donde cortar.

Imagínense ahora a un compositor que dijera: “pues a partir de hoy, me dedicaré todos los días a jugar en el parque que está por mi casa y me cansaré de hacerle goles a los troncos que por ahí se pasean”. Lo sentimos Mr. Composer, pero en tu área lo que más se valora no son los goles de inglesita y sombrerito, sino la cantidad de piezas musicales (obras maestras) que puedas crear. Y de ahí el valor de cada quien.

Habiendo dicho lo anterior, ¿cuál sería el pi-kiu-oh de un aprendiz del inglés? Reformulemos la pregunta para acercarnos un poco más a una respuesta convincente, si bien no única: ¿Qué podría ser realmente valorado si estuviéramos aprendiendo un idioma? Pues sin duda ninguna, como dirían mis compadres de Gijón, el conocimiento de un número cada vez mayor de palabras y Brendon en su libro High Performance Habits nos da la clave para avanzar realmente: los resultados empiezan a verse cuando le dedicamos un 60 por ciento del tiempo a nuestro pi-kiu-oh.

Señalo en el párrafo anterior que esta respuesta es convincente aunque no única dado que podríamos, lo creo firmemente, enfocar nuestro PQO a habilidades muy específicas por tiempos muy concretos, con lo cual desarrollaríamos aquello que es realmente valorado en cada habilidad de una manera mucho más efectiva, pero dejaremos esta idea para un desarrollo futuro.

Vayamos ahora mismo al tercer concepto.


10x

¡Ay Brendon! ¡Te inspiraste, me cae que sí! Y no voy a entrar aquí en detalles. Sólo los voy a dejar picados con la siguiente pregunta:

¿Aquello que hacemos… lo podríamos hacer 10 veces más rápido o 10 veces mejor?

Y adivinen adivinadores, la respuesta es: ¡sí!

Les pongo un ejemplo personal, posible después de que Brandon llegó a mi vida (suena tan romántico): hace un año corrí como 3 kilómetros en precisamente 365 días (yo sé que dije que había corrido 400 metros, pero no… tampoco fui taaaan flojo) y ahora llevo 30 kilómetros en 11 días. Ahora bien, ¿podría correr 30 kilómetros en 1 día? La respuesta sería nuevamente que sí y una décima parte del día son casi tres horas. Tomando en cuenta que el récord en el maratón (42k) es de 2 horas 2 minutos y 57 segundos, correr 30 kilómetros en dos horas y media o tres horas sería realmente posible. A partir de ahí entramos al mundo de las imposibilidades, pero lo cierto es que podemos 10x nuestro desempeño por lo menos cuatro o cinco veces.

¿Y en materia del inglés? Digamos que, viéndonos benévolos, un mexicano promedio aprende inglés en 15 años. ¿Sería posible aprenderlo en uno y medio? Respuesta: sí. ¿Y en una décima parte de ello? Tal vez no, pero lo cierto es que podríamos avanzar muchísimo en tan sólo dos meses si es que realmente nos enfocáramos.

O veámoslo de otra manera. Digamos que el mexicano promedio aprende 150 palabras inglesas al año (más o menos tres por semana). ¿Podríamos nosotros aprendernos 1500 palabras en 365 días? La verdad es que sí (vean mi entrada sobre el aprendizaje de 200 palabras por semana) y lo que corresponde ahora es ir a leer a Brendon para indagar más sobre las técnicas que nos pueden ayudar a mejorar todos los aspectos de nuestras vidas, inglés incluido.


Manos a la obra

No me crean a mí. Vayan a https://brendon.com/ o a YouTube y dejen maravillarse por este muchacho. A lo mejor también adoptan sus hábitos de alto desempeño y a lo mejor también eso les permite mejorar exponencialmente su vida laboral, familiar, de pareja, dispareja, y todo lo demás, incluido su nivel de inglés.

¿Y les cuento un secreto? Háganlo ahora mismo. No esperen ni un segundo, puesto que la gente realmente exitosa va de inmediato, en menos de lo que canta un gallo o en menos de lo que se dice ¡pi-kiu-oh, pi-kiu-oh, pi-kiu-oh!

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jueves, 14 de diciembre de 2017

Simulandia: El país que no se tomaba en serio

Juan Carlos García Valdés

A veces voy manejando, llego a un alto y por el comportamiento de la mayoría de los conductores, me pregunto si me enseñaron mal los colores en el kínder o si simplemente soy daltónico. En ocasiones es un auto el que se pasa el rojo, pero muy a menudo son cuatro o cinco y el récord registrado hasta ahora es de 14 de 18.

Entre semana, si bien no me parece adecuado, entiendo que la ciudad está imposible, que hay que llevar a los bodoques a la escuela y que hay que llegar a las juntas mensas y a las reuniones innecesarias, y que, probablemente, un minuto sea la diferencia entre arribar y no arribar. Pero reitero: me parece que habría que respetar las luces (y no me refiero aquí a las del arbolito de navidad, aunque también).

Sin embargo, a los que no entiendo, de verdad, son a los que se pasan los altos los domingos. ¿A dónde tienen que llegar tan rápidamente? Yo me imagino que han de estar amenazados por el compadre bigotón: “donde llegue usted tres minutos tarde, me lo agarro a besos” (y pues los otros ahí van hechos la raya para llegar precisamente tres minutos tarde).

Lo que me llama la atención es que a) los conductores se los pasan cada vez de forma más cínica y b) que de la autoridad no se ven ni sus luces para imponer el castigo correspondiente.


Uno de tantos problemas

Habiendo tantos problemas en nuestro país, podrán ustedes preguntarme por qué me centro en el de los semáforos y yo les contestaré lo siguiente: porque la corrupción empieza en lo más insignificante. Las naciones más avanzadas no lo son nada más porque su gobernante se niega a hurtar, sino principalmente porque cada ciudadano a cada minuto sabe respetar aquello que no es suyo y sabe esperar su turno.

Dicho de otra forma, de aquel que se pasa los rojos sólo puedo esperar que también copie en los exámenes, plagie, mienta, se lleve su tajada en todo tipo de contratos y demás sinsentidos. Lo grave no es pasarse un alto, sino que, lo he visto con mis propios ojos bellos, la mayoría de los que se pasaron el primero, se pasan también el segundo, invaden el área de los peatones y ni siquiera prenden sus direccionales cuando se meten en sentido contrario.

Lo anterior lo hacen porque no hay alguien que les ponga un hasta aquí. Nuestros gobernantes no quieren gobernar, sino sólo llevarse su rebanada del pastel. Si quisieran gobernar en vez de poner fotomultas, pondrían a una patrulla en cada cruce previamente detectado como “facilón para los amantes del compadre” y créanme que recaudarían enormidades, todo in fraganti.


Las licencias

Si un perro chihuahueño fuera a pedir su licencia de manejo, en este país se la darían (y se me hace que vitalicia), pero ahora mismo no quiero hablar de esas licencias, sino de las licencias de los licenciados.

Los que me conocen saben que la forma más fácil en la que le puedo dejar de hablar a alguien es que ese susodicho se refiera a mí como licenciado. “Licenciado, ¿sería tan amable de auxiliarme?”, a lo cual yo contestaría con un reverendo macanazo.

Si analizáramos las raíces de las palabras, todo nos quedaría mucho más claro, pero estamos tan atolondrados por las vidas ficticias de tantos zombies que nos rodean, que no atinamos a ver lo obvio.

Así, por ejemplo, sabríamos que:

a/mor à ausencia de muerte (aunque haya necios que opinen lo contrario).
futbol à de foot (pie) y ball (pelota).
Y licenciado à persona que ha recibido su licencia para llevar a cabo una cierta actividad.

Quien cuenta con una licencia se supone que sabe bastante para desenvolverse en su ámbito. Una licencia no se le da a cualquiera (o bueno, en México sí) y debería garantizar conocimientos suficientes para llevar a cabo la labor correspondiente.

Sin embargo, en este país, así como no se le niega una licencia de manejo a nadie, tampoco se le puede privar a cualquier hijo de vecina de que obtenga su grado en comercio, ingeniería, psicología, administración del tiempo libre y/o manualidades de Cositas hechas con amor, incluso si el sujeto en cuestión no sabe ni sacar una regla de tres, ubicar a Sonora en el mapa y escribir de forma aceptable. “Es que le echó ganitas y además calentó el asiento durante cuatro o cinco años”.

Y la pregunta que surge es: ¿dónde está la SEP? ¿Dónde está la SEP para garantizar que las personas que tienen y tendrán las licencias expedidas por esa misma Secretaría conocen los temas que tienen que conocer y desarrollan las habilidades que tienen que desarrollar? La respuesta desafortunadamente es: checando cosas insignificantes como plataformas bizarras, requisitos de más, verbos en infinitivo en no sé cuántos documentos y convocando a consejos técnicos, que han de ser la cosa más soporífera del mundo.

¿Y saben por qué hacen todo esto? Ni más ni menos que para simular que se está haciendo algo. Por eso una “reforma educativa” presentada con bombo y platillo, por eso las cancelaciones de clase una vez por mes (para que vean que las autoridades y los docentes trabajan conjuntamente en la revisión de memes… que diga… en la revisión del avance programático) y por eso los cientos de comerciales sobre el nuevo modelo, que hará que nuestra nación pase de ser un país bananero a uno súper bananero.

Uno se pregunta dónde está la SEP, pero también cabría preguntarse dónde están los directores, los coordinadores y los padres de familia, y la respuesta es haciendo todo, menos lo que realmente les corresponde, que en el caso de los dos primeros es garantizar la calidad educativa y en el caso de los últimos es cerciorarse de que eso suceda.

Sin embargo, los directores y los coordinadores están más interesados en organizar viajes a la Riviera Maya, fiestas de jalogüín y desayunos en conmemoración del fin de la primera temporada de MasterChef, que en lo que les atañe.

Los alumnos no se quedan atrás y en lugar de ir a estudiar, van a sacarse selfies, a subir estados, a organizar fiestas y recorridos y cuando terminan con todo lo anterior, se ven abrumados por la tramitología del servicio social, las prácticas, la tesis que nadie lee y que muchos copian, la carta de pasante, el título, las cuatro fotos infantiles y las dieciocho tamaño pasaporte, sin obviar, por supuesto, todo el papelerío para las posibles revalidaciones y equivalencias pertinentes.

Los papás están agobiados por un trabajo que no les satisface o por un jefe que los atormenta, o ambos dos a la vez, y los maestros no son, por supuesto, o sea hello, la excepción: una buena parte sólo se la pasa pensando cómo llenar las horas clase con lo que sea, sin importar si eso beneficiará o no a los estudiantes, y otros más dedican las mismas horas clase a planear otras horas clase en las que también planearán otras nuevas horas clase. ¡Un verdadero huateque!


Bienvenidos a Simulandia

Somos el país de la simulación, con escuelas simuladas, gobiernos simulados, familias simuladas, persecución del delito simulada, religiosos simulados, poder adquisitivo simulado, una liga simulada, transparencia simulada y todo lo demás simulado que se puedan imaginar.

Y ya aquí entre nos, déjenme decirles que el inglés no es la excepción: Mis alumnos de licenciatura (esos que un día van a tener una licencia, también denominada cédula profesional) llegan un año sí y otro año también con conocimientos y habilidades prácticamente nulas en la lengua de Connecticut, York y Nueva York, y la pregunta que surge es: ¿qué estuvieron haciendo en sus clases de inglés anteriormente? Respuesta: estuvieron simulando.

Estuvieron simulando con un libro de texto, quizás con un workbook, con un maestro egresado de la Facultad de Lenguas al que se le otorgó su licencia nomás por ir, con clases dinámicas y actividades lúdicas, con SACs y más SACs, con proyectos súper cool y bien acá, con presentaciones y diapositivas, y entonces en un país en el que la simulación reina, pues todos dijeron “muy bien, sigue en tu clase y en cinco o diez años serás bilingual”, aunque se les olvidó a la SEP, al director, al coordinador de idiomas, a los papás, al maestro mismo y a los alumnos también, que un idioma, pequeño detalle, no se aprende así.

Y entonces vas pa’ tras y resulta que llegan a su primera clase de nivel licenciatura sabiendo que pollito es chicken (cuando no kitchen) y ya los más avezados que gallina es hen, lápiz pencil y pluma pen.

Lo anterior tiene que ver con el ya mencionado modelo educativo, pero también, no queramos tapar el sol con un meñique, con la manera en la que concebimos el estudio en nuestro país.


Estudio: ¿Quién pone los minutos o las horas extras?

Para explicar lo anterior, me permitiré referirme al caso de dos astros del futbol mundial: Messi y Cristiano Ronaldo. Nos guste más uno o el otro, no podemos negar que son unos verdaderos cracks y, sin duda, los mejores en lo que hacen en todo el planeta. 

Muy bien. Ahora imaginemos que, como ya saben que son los mejores, deciden que no van a entrenar nunca más. ¿Para qué entrenar si ya se saben todo: la manera de pasar el balón, de controlarlo, de dominar, de cabecear, de echarse una chilena, de hacer un sombrerito, de poner el pase filtrado, todo, absolutamente todo?

No obstante, ahí los vemos un día sí y otro también, uno en la Ciudad Deportiva Joan Gamper y el otro en Valdebebas, entrenando como si fuera su primer día y es que si no lo hicieran, ya lo sabemos, muy pronto los demás los rebasarían y ellos quedarían en el olvido.

Comparemos ahora esa situación con nuestros licenciados o futuros licenciados y veremos que ahí donde La Pulga y CR7 practican hora tras hora, incluso ya sabiéndolo todo, nuestros estudiantes y los que ya egresamos (deberíamos de seguir aprendiendo continuamente), no entrenamos, aunque a veces no sabemos nada o casi nada, ni diez minutos por día en las habilidades que tendríamos que desarrollar.

Muchos dirán, “pero estamos en clase desde las 7 de la mañana hasta las 3” y eso es cierto, aunque desafortunadamente haciendo todo menos lo que toca. Si Ronaldo y Messi estuvieran en sus ciudades deportivas simulando todo el día, créanme que no llegarían a ningún lado (bueno sí, a lo mejor llegarían a la Liga MX con un muy buen sueldo).

La analogía anterior nos permite ver la realidad sin tapujos: en la mayoría de las escuelas mexicanas no se practica como se tendría que estar practicando, y por eso el que sabe ubicar diez estados de la república en un mapa es casi Dios revivido.

Y así como nadie les impone un castigo a los que se pasan los altos, los que se pasan las normas de practicar para desarrollar las habilidades que requerirán al final sólo reciben la penalización de ser aprobados por mayoría de votos y no por unanimidad.


Un país que se respetara a sí mismo

En un país que se respetara a sí mismo, los conductores se esperarían los segundos o minutos que se tengan que esperar enfrente de una luz roja, incluso si mueren de ganas de besar al compadre, y los estudiantes practicarían sin que el teacher les tuviera que decir: a fin de cuentas el beneficio es para los alumnos, no para el maestro.

En un país que se respetara a sí mismo, los directores y los coordinadores velarían por la calidad educativa y detendrían todo aquello que pueda obstaculizar el aprendizaje ideal, y los padres de familia estarían al tanto del desarrollo de sus hijos.

Sin embargo, en este país, casi nadie practica hasta que el maestro se lo exige, casi nadie respeta los altos, casi nadie quiere hacer su trabajo bien y casi nadie está dispuesto a poner esas horas extras para llegar al siguiente nivel.

En el mundo de la simulación todo tiene que ser fácil, rápido y finalmente falso. En el mundo de la simulación importa lo que parece y no lo que es. En el mundo de la simulación, las clases de inglés sirven para decir que se lleva inglés, aunque nadie avance y nadie termine por hablarlo. En el mundo de la simulación, se va a clases de inglés para tener la justificación perfecta para ya no practicar más. “Ah no, yo ya fui a mi clase. Ni creas que le voy a dedicar un minuto más”.

Y la SEP feliz con su presupuesto y los directores felices con su matrícula y los maestros felices no haciendo mucho y los estudiantes felices con su título. No importa que nadie hable inglés, incluso si es uno de los factores que divide a los países entre productivos y no productivos, con futuro real y sin futuro a la vista. No importa que a nadie le hayan enseñado la importancia de no pasarse un alto. No importa que después sean asesinos, secuestradores, extorsionadores o presidentes que copiaron su tesis. Las autoridades educativas y todo el país les reconocen sus ganas de aprender (¿cuáles?), sus logros (¿CUÁLES?) y sus planes que contribuirán al desarrollo de este país (¿DE VERDAD???).

Después de todo, qué importa, si vivimos en el país de la simulación eterna.


Manos a la obra

Se acaba un año más y es muy probable que sólo hayas simulado en lo que al inglés se refiere. Si eres una de las excepciones, ¡felicidades! Estás construyendo hoy las bases de un futuro lleno de oportunidades y condiciones favorables para ti y para tu familia.

Si, por el contrario, te hiciste guaje y no quisiste avanzar, no te preocupes. La sociedad no te lo demandará, porque esta sociedad apagada no demanda nada, o al menos no lo importante. Pero después no estés diciendo que tienes mala suerte, que los mejores trabajos se los dan a otros, que las becas te las niegan y que no estás feliz con lo que haces.

O haz lo que quieras… finalmente la simulación se te debe dar muy bien, ¿no es cierto?

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jueves, 7 de diciembre de 2017

Constitución del Aprendiz del Inglés

Juan Carlos García Valdés

Cuando era niño, recuerdo haber escuchado 632 veces que México tenía una de las mejores constituciones del mundo y que nuestro himno, (Maciozare, un extraño enemigo) era el segundo más bello, sólo por detrás de la Marsellesa. Escuché que como México no hay dos y que todo lo malo que nos pasaba era debido a los gringos.

Ahora, un poco más grandecito (pronto cumpliré 23 años... de que entré a tercero de primaria), me doy cuenta de que uno vive en medio de muchas verdades a medias y muchas mentiras completas y que esto no sólo sucede en materia histórica, sino también en el plano científico, cultural, educativo y todos los demás planos que nos podamos imaginar.

Yo me pregunto, por ejemplo, cuándo es que nuestra Carta Magna entró en la crema y nata de las constituciones del orbe (y de qué nos puede servir eso, si es una de las que menos se cumplen) y contra quién jugaron "los soldados que en cada hijo nos dio" la semifinal de la Copa Mundial de los Himnos para finalmente perder con les enfants de la Patrie en el duelo definitivo.

En la escuela nos hicieron aprendernos tantas cosas que jamás llegamos a usar y esas que sí se usan a nadie se le ocurrió ponerlas en el programa. A alguien se le vino a la mente que educación era un conjunto de salones llenos de bodoques sentaditos y en silencio, a los cuales había que dictarles, y a nadie se le ocurrió cuestionar siquiera esta idea tan poco razonable (bueno, sí: a los maestros flojos que cambiaron el dictado por la exposición de los alumnos).

En inglés, mientras tanto, nos dijeron que domináramos los tiempos y que ya luego hablaríamos y así nos podríamos ir con cada rubro (la familia, el amor, la solidaridad y la muerte, entre muchos más) en los que nos hicieron aprender conceptos erróneos que ahora usamos como base para nuestras vidas mayoritariamente erradas.


Mi propia constitución

No recuerdo tener himno personal (en caso de tenerlo me basaría probablemente en La nuit des tropiques de Gottschalk), pero hace dos años, poco después de un cúmulo de momentos poco agradables en mi vida, decidí establecer mis propios principios, aquellos que regirían mi vida a partir de ese instante.

Si las reglas del mundo no me convencían, cabía entonces desarrollar mis propias directrices; cabía, pues, replanteárselo todo y esperar mejores resultados. Y el día de ayer, precisamente, consulté el archivo en cuestión y no es por echarme flores de cempasúchil, ni nochebuenas, ni dafodiles, pero creo que yo sí tengo una de las mejores Constituciones Individuales del mundo.

El problema es que la cumplo, actualmente, sólo en un 50 o 60 por ciento, pero el día que la cumpla al 90 o 100 por ciento, créanme que eso se traducirá en una vida muy satisfactoria.

A pesar de un incumplimiento palpable, cabe señalar que el espíritu de lo que se quiere lograr con ese documento ya está ahí y los resultados dependerán del nivel de compromiso del que suscribe.

Y ahora se me ocurre que cada aprendiz del inglés podría tener también su propia Carta Magna, que podría versar más o menos de la siguiente forma:


Constitución del Aprendiz de Inglés

CONSTITUCIÓN DEL APRENDIZ DE INGLÉS QUE REFORMA LA QUE NUNCA ANTES SE HABÍA TENIDO

Título Primero

Capítulo I

De los Derechos Universales del Aprendiz

Artículo 1º. En los Estados Unidos Mexicanos y en especial en la Colonia Morelos (aquí se coloca el condominio correspondiente si no se vive en dicho sitio), todos los aprendices del inglés gozarán de los derechos reconocidos en esta Constitución, los cuales serán irrenunciables e inalienables (no, la verdad, esto último de “inalienables” sólo lo puse porque rimaba).

Artículo 2º. El aprendiz, o sea yo, tengo derecho a tener un buen maestro o a una buena maestra todo el tiempo. Sin embargo, si no lo tuviera, no asumiré el papel de víctima y practicaré día a día, porque finalmente el único beneficiado de ello seré yo mismo y, claro está, la grandeza de mi nación (cálmate Pancho Villa).

Artículo 3º. Tendré derecho a poseer los materiales que coadyuven (ándale con tu vocabulario mijo) a una mejora continua. Si no tengo dinero o prefiero gastármelo en chelas y tamales, me preocuparé por tener amigos pudientes que me puedan prestar sus libros, CDs, DVDs, materiales para certificaciones, diccionarios y todo lo demás que me pueda ser útil. Me comprometo a cuidar y a regresar absolutamente todo, no como ciertas personas a las que conozco, a las que les presté mis libros desde mayo de 1992 y todavía no me devuelven nanais.

Artículo 4º. Tendré derecho a practicar con lo que yo quiera y como yo quiera, siempre y cuando practique y no me haga Guaje Villa. Si me gusta Justin Bieber, pues con Justin; si me gustan las comedias bobas, pues así; si me gustan los videojuegos, pues a darle duro; y si me gusta Joan Sebastián y su I’m gonna be happy, pues mejor pasemos al siguiente artículo.

Artículo 5º. Tendré derecho a que no se me impongan mensadas y media, como tareas y más tareas y más tareas y proyectos y exposiciones y ve tú a saber, que no benefician en nada mi mejora en el idioma de Shakespeare y Juay de Rito.

          I. Tendré derecho a que no me digan que todo en el inglés es grammar. También hay rrrriding, writing (que no se pronuncia graiting), escooching y según yo había otra, pero ya se me olvidó.

Artículo 6º. Tendré derecho a ayudar a las demás personas que quieren aprender el idioma en cuestión, siempre y cuando lo haga de manera desinteresada y sin burling de por medio. A los seguidores del Cruz Azul también los ayudaré emocionalmente porque hay cosas difíciles en la vida, pero nada como irle al Cruz Azul.

Artículo 7º. Tendré derecho a desarrollar el acento que más me parezca, me convenga o me venga en gana, siempre y cuando no suene ridículo como los que le ponen crema de más a sus tacos y dicen tichaaa y peipaaa.

Artículo 8º. Tendré derecho a divertirme mientras aprendo. La vida no tiene que ser aburrida y amargada. Se vale reírse, hacer chistoretes y encontrarle el lado positivo al Ínglich y a mi día a día.

Artículo 9º. Tendré derecho a asociarme con quien yo más quiera para seguir practicando, las veces que quiera, a la hora que quiera y por el canal que quiera. Nadie podrá limitarme en este sentido ni en ningún otro.

Artículo 10º. Por cada hora de práctica, tendré derecho a otra hora de descanso. La vida no se hizo nada más para estudiar. También se vale ir al cine, salir al parque, ver a los friends, ir por un helado, olvidar el carro porque se quiere caminar, viajar y muchas cosas más. Por esto y muchas cosas más, ven a mi casa esta Navid… (no, creo que esto ya no iba aquí).

Artículo 11º. (Se deroga… la verdad no había escrito nada, pero como que la frase “se deroga” le da caché).


Capítulo II

De las Obligaciones del Aprendiz

Artículo 12º. El aprendiz, o sea yo, me comprometo a practicar todos los días que me quedan en este mundo. No estoy diciendo que “uy… voy a practicar 30 horas diarias… o más… digamos 28”, pero sí que al menos cada nuevo amanecer (¡qué cute!) le dedicaré algunos minutos o algunas horas a la lingua franca.

Comentario del lector: ¿Es posible escribir constituciones con vocablos del tipo “uy”, “cute” y “ayayay”? Respuesta del que suscribe: Sí, porque es mi constitución. Punto.

Artículo 13º. Me comprometo también a buscar ayuda y práctica siempre que las necesite. Para ello iré formando mi equipo de aprendizaje compuesto por gente bien acá que me pueda:

I. Resolver dudas.
II. Orientar sobre cómo practicar mejor.
III. Ayudar a eliminar miedos existentes.
IV. Motivar para practicar todos los días y tener conversaciones.

Artículo 14º. Me comprometo a ser cada día más organizado y más sistemático. Mis notas de inglés las pondré siempre en el mismo lugar (físico o virtual) para no estar buscando 42,615 veces la misma palabra en el amansaburros.

Artículo 15º. Respaldaré toda la información importante para mi aprendizaje. Ya sea que la ponga en la nube o que la copie a un USB localizable o que guarde todo en un cofrecito con llave.

Artículo 16º. Me comprometeré a hacer todos los viajes necesarios que incrementen mi motivación para aprender la lengua inglesa y que me provean de un contacto cada vez más real con el language. Para ello ahorraré cada semana o cada mes lo que esté dentro de mis posibilidades a fin de cumplir pronto este sueño de ir a London, New York, Canadá, Australia o la Colonia Américas.

Artículo 17º. Tendré un buen diccionario a la mano, todo el tiempo. Por buen diccionario no se entiende Google Translate. Puede ser físico u online. Lo importante es tenerlo y obviamente usarlo.

Artículo 18º. Me iré quitando todos los miedos que tengo para hablar. Para ello:

I. Mejoraré mi pronunciación.
II. Trataré de conocer cada vez más palabras.
III. Trataré de tener cada vez más interacción con nativos del inglés y gente de mundo (¡órale!).

Artículo 19º. Renunciaré a los pretextos de los mediocres, entre los cuales se encuentran, si bien no se mencionan todos, los siguientes:

I. No tengo tiempo.
II. A mí el inglés no se me da.
III. Es que yo no empecé desde chiquito (y los que pudieran acumularse).

Artículo 20. Me comprometeré a tener la siguiente certificación, sin importar si truene, llueva o relampaguee:

I. FCE o su equivalente (Nivel B2) cuando termine la licenciatura.
II. CAE o su equivalente (Nivel C1) cuando termine la maestría.
III. CPE o su equivalente (Nivel C2) cuando termine el doctorado.

Obviamente si estoy estudiando lenguas, relaciones international, negocios por el mundo mundial, interpretación (no de los sueños) o uso de macramé para nudos decorativos, los requerimientos serán otros.

Y los artículos que pudieran agregarse.


Manos a la obra

No estoy diciendo que ya todo esté contenido en esta Carta Magna, pero la esencia ahí está. Se podrán incluir o derogar algunos artículos, pero lo más importante es pasar de la teoría a la práctica, del dicho al hecho... hay mucho trecho, esta noche en Hechos… ok no… ya me perdí.

Lo que quería decir es que si le dan cumplimiento cabal a los artículos de este documento, no habrá poder humano que les impida tener un excelente nivel de inglés.

¡A darle duro!

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jueves, 30 de noviembre de 2017

La ley del más o menos y la postergación de lo importante

Juan Carlos García Valdés

Hace un año me compré uno de los mejores libros que he leído: Fanatical Prospecting, de Jeb Blount. Al adquirirlo, me esperaba páginas y páginas de contenido invaluable, lo cual encontré, pero lo que no pensé que fuera a obtener era una membresía de un año, sin costo adicional, para la página de internet del libro en cuestión.

Como sucede con las cosas que uno no espera, me emocioné ante el hecho de tener acceso a cientos de recursos exclusivos y no pasaron más de tres horas cuando yo ya estaba leyendo el primer e-book y viendo el primer video.

El siguiente día sucedió lo mismo y el tercero también, pero después pasó lo que frecuentemente pasa: las actividades cotidianas se apoderan de nuestro tiempo y uno va posponiendo lo que empezó con toda la energía y con las mejores intenciones.


Similitud con los idiomas

Ocurre lo mismo con los idiomas. La primera semana estamos llenos de emoción, la segunda todavía y, sin embargo, casi nunca nos caracteriza la constancia a largo plazo. 

"Sí practicaría, pero no tengo tiempo. Es que antes sí podía, pero justo ahora mi jefe me pidió un nuevo proyecto / tengo que empezar mi servicio social / el Cruz Azul calificó a la liguilla"

Total que siempre hay un buen pretexto para que lo importante se vuelva aplazable y sí los voy a criticar, pero no voy a negar que a mí también me ha pasado lo mismo: para muestra un botón o, lo que es lo mismo en este caso, el uso o desuso que hice de mi membresía.


Cronología del desperdicio

A finales de diciembre me dije que no la podía utilizar porque tenía la cena de fin de año, tres post-posadas, un Boxing Day que nunca atiendo y una cena de fin de año que cada vez me importa menos.

En enero, mientras tanto, me dije que lo que podía hacer en enero también lo podía hacer en febrero, en febrero lo pospuse para marzo, en abril viajé, en mayo me acoplé de nueva cuenta y en junio, julio y agosto me repetí que era verano y que en verano uno descansa. 

Septiembre fue el mes patrio (¡qué novedad!) y cuando octubre llegó, decidí que noviembre era el mes ideal para usar la subscripción. "Tendré presión y todo funciona bajo presión", me dije muy confiado.

El 20 de noviembre me di cuenta que yo seguía sin hacer nada y entonces decidí que el último fin de semana de noviembre lo dedicaría mayoritariamente a Fanatical Prospecting, algo que sí hice.

De cualquier forma, algo quedó confirmado: soy mexicano y aunque sea un poco distinto a los demás mexicanos, sigo siendo uno de ellos y actúo más o menos como ellos, dejando, por ejemplo, todo (o casi todo) para el final.

La membresía tiene un costo de 27 dólares el primer mes y de 97 los subsecuentes, lo que significa que estuve a punto de desaprovechar el equivalente a 20 mil pesos, algo, una vez más, típico del mexicano promedio.


Mis alumnos también son mexicanos

Mis alumnos, por mencionar un caso, también son mexicanos y ellos también han desaprovechado becas y membresías al por mayor.

A una de ellas le di una beca del 100% por un año y asistió cuatro veces y otra decidió emularla y sólo fue tres.

Vivimos en el mundo de la informalidad y la poca constancia, y eso en los idiomas es el acabose. Algunos lo ocultan con otras aventuras lingüísticas (nunca avanzan en inglés, pero saben decir hello, goodbye en 48 idiomas, incluidos varios que nadie ha hablado en los últimos trescientos años) y otros simplemente desisten.


La ley del aproximado

Toda mi experiencia en este mundo y en otros mundos (ok no), me ha llevado a formular y a creer firmemente en la ley del aproximado, que dicta palabras más, palabras menos, lo siguiente:

"Uno está destinado a ser más o menos algo".

No digo con lo anterior que este destino sea como aquel de las tragedias griegas (inevitable), sino que es el que vamos forjando con nuestros hábitos diarios, esos sí, después de dos, tres o cuatro décadas, sumamente complicados de revertir. 

Por consiguiente, no es a menudo el sino en su versión moderna el que no podemos cambiar, sino el cúmulo de acciones cotidianas como levantarnos o dormirnos media hora más temprano, leer un libro cada semana o practicar inglés una hora por día, lo que no podemos concretar (¡ay no, qué flojera!)

Y así la vida nos va acorralando en un destino más o menos entendible por todos: a Pepito le toca vivir una vida más o menos sufrida, ser de clase media y casarse con alguien dentro del 40% de personas más guapas del país.

A veces las predicciones fallan un poco y resulta que Pepito acabó teniendo un poco más de dinero, pero casado con una federalista.

En cualquier caso, el primer corolario de la ley del aproximado dicta que:


Primer corolario

"Quien trabajó por conseguir cosas grandes a menudo termina consiguiendo más que quien trabajó por conseguir cosas mediocres".

Así les pasa a los países, a las empresas y a las personas, que frecuentemente consiguen un poco menos de lo que se propusieron y en escasas ocasiones, un poco más.

Lo que no sucede es que el país que toda su historia luchó por ser tercermundista de pronto se vea a sí mismo como potencia mundial, que la empresa que se preocupa por mejorar e innovar desaparezca de repente, si bien no siempre será la primera de su ramo, y que la persona que luchó por ser un vagabundo termine siendo un Bill Gates o Warren Buffet.

Casi nadie consigue lo que quiere, pero la mayoría no queda muy lejos. El problema radica entonces en la formulación de los objetivos y sería conveniente aspirar a algo magnánimo, para que incluso en la posibilidad del fracaso no quedemos tan mal parados.


También aplica para el inglés

El inglés no es la excepción y quien se plantea tener un nivel intermedio termina muchas veces con uno básico, mientras que el que aspira a lo básico no pasa de los monosílabos.

Hay que plantearse un inglés perfecto para que se tenga uno decente y hay que luchar por un destino aproximado: conseguir más o menos lo que se quiere.

Esto se hace en el día a día, en diciembre lo que toca en diciembre y en enero lo que le corresponde a enero. Empezar a posponer es la receta perfecta para no abandonar nunca la mediocridad.


Manos a la obra

¿Quieren hablar? Hablen hoy. ¿Quieren mejorar su listening? Mejórenlo hoy. ¿Quieren conocer nativos? Conózcanlos hoy. No se vayan a parecer a cierto autor de blog que deja las cosas para después y que luego se pregunta quién le ha robado el mes de abril y de mayo y los del verano y los de los últimos cuatro inviernos.


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