jueves, 17 de noviembre de 2016

17 Consejos para aquellos que ya se estancaron y una propuesta atractiva


Juan Carlos García Valdés

En la entrada anterior, analicé la función de las clases y expuse por qué a menudo puedes sentir que no avanzas. Aquí, todo se vuelve más práctico. A continuación, diecisiete ideas, tips, recomendaciones y sugerencias que no quiero que desestimes. Por favor, no lo hagas.

Consejos

UNO: Quítate de la cabeza la idea de que es en las clases donde aprendes. La mayoría de las clases están diseñadas para que no aprendas o para que lo que aprendas sea muy poco. Pero no desestimes ese “muy poco”. A menudo, como a mí me pasó, ese “muy poco” te puede ayudar a entender y a expresar “bastante”.

DOS: Quítate de la cabeza la idea de que porque te tocó un mal maestro este año o este semestre, ya no vas a aprender nada. El aprendizaje real está fuera del salón de clases. Y déjame decirte algo que va a sonar radical, pero es verdad: a muchos, muchos maestros tu aprendizaje les importa lo que a mí me importa cómo quedó el día de ayer el equipo de voleibol de playa de la Universidad de Moldavia: ¡nada! Como en muchas profesiones, aquí también hay gente que nada más está esperando al final de la quincena para cobrar y punto. No te centres en ellos. Céntrate en ti. Si te tocó un mal maestro, soporta sus clases, pero por fuera maravíllate a ti mismo/misma. Además, no es con el maestro con el que vas a hablar el inglés el resto de tu vida, así es que si te cae bien, mal, regular, si te motiva o no, si te enseña o no, eso es lo menos importante: el maestro es temporal; tu competencia comunicativa puede ser/debería ser permanente.

TRES: Forma a tu equipo de trabajo (equipo de aprendizaje). De verdad. Es súper importante. Solo no vas a llegar a ningún lado. Y esto lo empiezo a recalcar cada vez más: de preferencia, incluye a extranjeros en tu equipo. Si tienes a un asistente de lengua en tu escuela, no vengas a preguntarme quién debería de estar en tu equipo sí o sí. Y si no hay uno, ve a los lugares donde puedas encontrar extranjeros: aquí en la ciudad ve al CILC y pregunta por las personas que están tomando español (porque serán extranjeros), date una vuelta a la Facultad de Lenguas. ¡Créeme! Hay más extranjeros de los que te imaginas y los estás desaprovechando. La razón para tener extranjeros es muy sencilla: para muchos de ellos es más cómodo hablar en su idioma o en la lingua franca y ¡bingo!: esa lingua franca es la que tú quieres/necesitas aprender. En otras palabras, la ventaja de tenerlos en el equipo es que crean necesidad de comunicarse en el idioma meta. Platica, platica tanto como puedas con ellos. Recuerda que avanza el que cada día entiende más.

CUATRO: Sé más selectivo para escoger el material que vas a leer o a escuchar que lo que serías escogiendo al novio o a la novia. Lo digo en serio. De esto depende tu avance o no avance. Si escoges material súper fácil, va a ser complicado que progreses todo lo que tienes que progresar. Por el contrario, si escoges material muy difícil, es muy probable que te frustres. Creo que aquí es donde más necesitas a un guía. Alguien que te ayude a escoger los mejores materiales para ti (tomando en cuenta tu nivel y tus preferencias).

CINCO: Recuerda que lo que importa son las horas. Si ya te estancaste, el diagnóstico normalmente es fácil. Algo ya te desanimó y no estás practicando tanto como antes. Dos, tres o cuatro horas a la semana, ya sean de clase o en cualquier otra modalidad, es paso de tortuga. Debería de haber una regla que dijera: “Nadie que no haya llegado a las tres mil horas de práctica en un idioma puede decir que no se le da o que ya se quedó estancado”. Llega a esas tres mil horas y entonces vemos si de verdad no se te da.

SEIS: Necesitarás más de una motivación para seguir adelante. Descúbrela o créala. Un novio, una novia, leer a tu autor favorito en su lengua original, platicar con tus amigos del extranjero, trabajar en el país de tus sueños, viajar y ver el Big Ben o Times Square. No sé, algo. Si tu motivación es “pasar la materia” o “irla llevando”, mejor no pierdas tu tiempo: estás frito.

SIETE: Sé fiel a tu estilo de aprendizaje, pero, al mismo tiempo recuerda que la lengua se aprende escuchándola, primero, y luego leyéndola. “Es que yo soy kinestésico”, “es que yo soy visual”, “es que yo…”. Mira, ya, hablemos en serio: en otras áreas, tal vez eso sea súper importante. No lo niego. Aquí o escuchas y escuchas y... o lees y lees.  Punto. En una conversación lo fundamental es escuchar y así es como mejor se aprende. En una conversación nadie está pensando: “Es que yo soy kinestésico”.

OCHO: Sé creativo. Si escuchas o lees una palabra, regístrala para el resto de tus días. Créale una historia. Invéntate una asociación. Utilízala en una oración.

NUEVE: Poner tu teléfono en inglés no ayuda en mucho. Sí, puedes aprender algunas palabras y frases, pero no mucho más. Lo que sí ayudaría es que todas tus conversaciones en WhatsApp o en Messenger fueran en inglés. Ahí sí avanzarías. “Pero es que mis amigos no hablan inglés”. Pues también tú. Empieza a ser selectivo con tus amigos.

DIEZ: Lee en inglés como si no hubiera mañana.

ONCE: Escucha tanto como te sea posible en lengua inglesa. Y combina. Esto es importante. Tienes que escuchar audios básicos (libros, audiolibros para aprendices del inglés) y audios avanzados (TV, películas) desde el principio. Pero la finalidad es distinta. Los audios básicos te permiten familiarizarte más y más con las palabras. Los audios avanzados te dan la posibilidad de no estar tan indefenso para operar en el mundo real del idioma. En ningún caso trates de entenderlo todo, palabra por palabra. Siempre céntrate en el mensaje. Lo mismo cuando leas.

DOCE: Lee mi blog y pon en práctica lo que te digo. No me gustan los “auto-comerciales”, pero es verdad. Si aplicas algunas o muchas de las ideas que aquí he expuesto, ten por seguro que vas a avanzar. Nada más recuerda siempre que la clave es la constancia y la disciplina.

TRECE: Ya echa a la basura esa idea de que tu pronunciación es mala. Tu pronunciación es defectuosa sólo si cuando hablas con nativos, ellos o no te entienden o se la pasan preguntándote que quisiste decir. Y si eso pasa, hazle como los bebés, que ni siquiera conocen las letras, pero que son buenísimos para empezar a repetir. Repite, repite y repite. Sin importar cómo se escriben, en un primer momento, las palabras. Siempre confirma la pronunciación de las palabras difíciles con un nativo o con un diccionario (Merriam Webster, WordReference). Y emociónate cuando pronuncies bien, cuando digas algo bien, cuando te des a entender. ¡EMOCIÓNATE!

CATORCE: Lo peor que puedes hacer si realmente quieres aprender es usar el traductor para todo. Ya deja de pensar que tu cabeza no puede hacerlo. Tu cabeza es muy poderosa. ¿Qué quieres decir? Escoge tu sujeto (I o you u otro). Escoge tu acción (play). Escoge qué más quieres decir (soccer, basketball, the guitar) y repite el proceso. Lo único que tendrás que ir haciendo el resto de tus días es agregando detalles y haciendo pequeños cambios (Last week, tomorrow, -ed, will). Si todo lo metes al traductor, el que procesa es precisamente el traductor y no tu cerebro. Resultado: no hay aprendizaje.

QUINCE: No tomes notas en exceso. No aprendemos al anotar. Aprendemos al entender (y usar).

DIECISÉIS: Incorpora uno de los siguientes a tu proceso de aprendizaje: música o videojuegos. Sólo recuerda que la música no es lo mejor para listening, salvo que tengas un oído privilegiado, que, por lo demás, son escasos.

DIECISIETE: Escribe tus metas. Haz que sean específicas. Coloca fechas para revisarlas en el corto plazo. No digas: “hablaré inglés en cinco años”. No. Di: “De aquí a dos meses habré hablado con cinco extranjeros y cada conversación habrá durado por lo menos una hora”. La primera meta es difícil de medir. La segunda, no.

Manos a la obra

Si te estancaste, lo que tienes que hacer es retomar el camino. Espero que estas recomendaciones te puedan servir. Si crees que necesitas más ayuda, te propongo lo siguiente (sobre todo si ya te he dado clases con anterioridad): establezcamos un programa de trabajo entre los dos. Esto no te costará ningún peso porque a mí no me implicará hacer uso de mi tiempo constantemente, salvo en un primer momento, cuando nos dediquemos a diseñar el camino que habrá que recorrer (lo que nos puede llevar una o dos horas) y, después, todo o casi todo el seguimiento se puede hacer en línea (¡bendita tecnología!). Por supuesto que por las clases que imparto sí cobro, pero a veces uno puede hacer mucho por los demás, sin incurrir en un gran costo o inversión. Más bien, lo que a menudo falta es voluntad de ayudar.

Mensaje a todos, pero sobre todo a mis ex alumnos: Me importa que aprendan y no me gusta que me escriban que están estancados, pero también es necesario que ustedes trasciendan las circunstancias actuales (un mal maestro, pocas horas a la semana, un libro de texto que no les gusta o lo que sea que esté pasando). Aquí abajo está mi teléfono (WhatsApp) y mi correo, así es que, a partir de ahora, estará estancado el que quiera. Repito: para todos mis ex alumnos está opción de que armemos un programa de trabajo y de que le demos seguimiento es totalmente gratuita.  

Puedes compartir cualquier duda, pregunta, comentario o sugerencia escribiendo al correo electrónico juan.garciavaldes@cadlenguas.com

Visita CAD Lenguas en Facebook: 
 y dale like a nuestra página.

¿Interesado en una clase de inglés en la que realmente puedas aprender y avanzar? Comunícate conmigo al 722-6113296 (WhatsApp).

jueves, 10 de noviembre de 2016

Inglés para entendernos con Mr. Trump: 35 palabras o más que estaremos escuchando en los años venideros

Juan Carlos García Valdés

Los ataques fueron mutuos. Durante la campaña, Trump hizo comentarios nada agradables sobre los mexicanos y los mexicanos hicieron comentarios poco afortunados sobre él. Haya sido como haya sido, Donald será el presidente de nuestro vecino país del norte, al menos durante los próximos cuatro años y, querámoslo o no, nos tendremos que entender. He aquí algunas palabras y frases que nos serán de mucha utilidad para entablar esa comunicación que hasta ahora ha sido muy accidentada. Desde electoral votes hasta Second Amendment, pasando por foreign policy, remittances, Obamacare e inauguration.   

Los colores: ¿Cómo y por qué ganó Mr. Trump?

“¿Qué no se supone que el que tiene más votos gana y ya?”, me preguntó un amigo el otro día. Pues resulta que en los Estados Unidos no es así. Jilaria obtuvo el 47.7 % del popular vote (0.2% más que copetitos), pero sólo alcanzó 228 electoral votes (contra 279 del candidato del GOP, que no es otra cosa que el Grand Old Party, mejor conocido en nuestros lares como el Partido Republicano).

“¿Y cómo se otorgan esos electoral votes? Pues dependiendo del estado que cada candidato gana. Por ejemplo, California da 55 votos electorales (el que más), Texas da 38 y Nueva York y Florida dan 29. Por el contrario, hay estados que casi no dan votos, como Nebraska y Nuevo México (5), Idaho (4) y Alaska, las Dakotas (no Dakota Fanning, por cierto; ya están como el que dijo que iba a votar por Hilary… Duff… ah… muy bien…) y Wyoming que dan 3. Sin importar la diferencia con la que haya ganado un candidato en cada estado, esa persona se lleva todos los votos electorales. A esto se le conoce como winner-take-all system.

Ahora bien, hay estados que ni de chiste votarían por los republicanos. Una vez sí y otra vez también, votan por los Clinton, los Obama, los Clinton y los Clinton (¡siempre se postulan las mismas familias caray! De mí se acuerdan cuando se postule Chelsea). A estos estados (Minnesota, California y Massachusetts, por mencionar algunos) se les conoce como blue states. El caso opuesto es el de los red states, que siempre votan por Bush padre, Bush hijo, Bush nieto, Bush tataranieto y ahora también por Donald, el president-elect de los United. Y es que los cielos estarán muy azules en Alabama (“Sweet home Alabama, where the skies are so blue”), pero en cuestiones electorales, el estado es rojo como el jitomate. Y ni qué decir de Nebraska, Kansas y Oklahoma que son red como los red devils y los Red Bulls.

Lo interesante, no obstante, es lo que pasa con los famosos swing states (swing significa “balancearse, cambiar, columpiar”), también conocidos como purple states. Ahí es donde todo se decide. “¿Y eso por qué?” Pues porque en esos estados, Enriquito, puede pasar hasta lo impensado. “¿Hasta lo impensado?” (con cara de asombro; como de periodista o analista de Televisa que se entera de que Hillary no más no ganó… ¡qué cara de miedo traen muchos después de la victoria de Melanio!). Sí, así es. Pueden ganar los demócratas o pueden ganar los republicanos. En 2016, algunos de estos battleground states (battleground = campo de batalla) que terminaron por definir la elección fueron Ohio, Florida, Pennsylvania y Michigan. Y así algunos bastiones de Obama, que pronto será former president, se convirtieron ahora en bastiones de Donald. Por cierto, bastiones se dice strongholds.

Pero bueno, vayamos al grano. Cuando todos nos percatamos de que Donald había ganado la mayoría de los swing states y nos dimos cuenta de que no tendríamos primer damo (la FLOTUS será Melania Trump), lo que prosiguió fue escuchar el acceptance speech (discurso de aceptación) de Donald Trump y el concession speech (el discurso en el cual el candidato que no gana acepta los resultados) de Secretary Clinton. “FLOTUS suena chistoso. ¿Eso qué es?” Pues no es otra cosa que First Lady of the United States, la media naranja del presidente, the seagull, su gaviota para que me entiendas.

¿Cuáles serán los temas que dominarán la agenda a partir de ahora?

En la relación entre México y Estados Unidos, la migración (migration) tendrá un papel fundamental. Probablemente, los periódicos se llenarán, todavía más, de palabras o frases como mass-scale deportations, large-scale raids (raid = redada), border wall (el muro en la frontera, "On Day One we will begin working on an impenetrable, physical, tall, powerful, beautiful southern border wall") e illegal aliens (porque alien, Enriquito, no sólo significa “extraterreste”, sino también “foráneo” o “extranjero”) y se alejarán de amnesty (mucho más factible si a la Casa Blanca hubiera llegado la mamá de Chelsea). Al parecer, a Donald Trump se le ocurrió que sea a través de las remittances (remesas) como México aparentemente pagaría la construcción del muro, aunque por ahora no se sabe a ciencia cierta si eso podría darse “at the stroke of a pen”, o lo que es lo mismo, de la noche a la mañana, de manera inmediata o, a veces, de un plumazo.

“I would expect a sea change in the enforcement landscape”, le dijo John Sandweg a The Washington Post. “¿Un cambio en el mar? ¿Cómo es eso posible?” No, nieto mío, no, cuando decimos “sea change” nos referimos a un cambio radical. “Ahhh… esa frase está buena. Déjame apuntarla al lado de los nombres de los tres libros que más han influido en mi vida. Si la utiliza Mr. Trump la próxima vez que haga una lightning visit (visita relámpago) al DF, ya sabré qué decirle. “Los que hablan inglés y si la quieren hacer la pregunta en inglés se vale, Mr. Trump. However, I will answer in Spanish, so everybody can understand what I’m going to say… and I speak better English… better Spanish… better Russian… better Italian…¿y si mejor no lo invitamos?” Sí, mejor no lo invitamos.

Otro asunto fundamental será NAFTA. “¿Y eso qué es?” Bueno, es que tú lo conoces como el TLCAN, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pero él te lo va a decir como NAFTA, o sea, North American Free Trade Agreement. Mira, él te va a decir algo así como: “We will renegotiate NAFTA or withdraw from the deal to get a much better one for our workers and our companies”. “¿Y eso de “withdraw” qué es? A ver, a ver… draw según yo es “dibujar” y with es “con”, ¿no? Para que veas que mis clases de…” / Guarda silencio. (A nuestros amables lectores: withdraw es retirarse o abandonar).

Sobre este acuerdo comercial, Trump también tratará de conseguir lo que a continuación se menciona: “Eliminate Mexico’s one-side backdoor tariff through the VAT”, en donde tariff es gravamen, arancel, impuesto o tarifa y VAT no es otra cosa que value-added tax (impuesto al valor agregado o IVA). De igual manera, también se interesará por ponerle fin a las sweatshops, o al menos eso es lo que ha dicho con anterioridad. “¿Pero a quién le hacen daño esas tiendas que sólo venden dulces, gomitas, paletas payaso y tamarindos?” No seas paleta Enriquito, tú estás confundiendo sweet (dulce) con sweat (sudor) y cuando Mr. Trump se refiere a las sweatshops, está hablando de las fábricas o talleres clandestinos que existen en nuestro territorio.

“Bueno, pero eso es aquí, en lo que se mueve en la frontera entre los dos países, pero cuando me lo encuentre en el G-20 o en el CR-7, me va a hablar de la internacionalización de las cosas, ¿no es cierto?” Nuestro Enriquito es “one of a kind” (único en su especie). Sí, mi nieto mío. Mira, ahí entraremos en su foreign policy (política exterior). Por un lado, repetirá hasta el cansancio la posibilidad de “an easing of tensions” (un alivio o una reducción de las tensiones) con distintos países y, por otro, buscará retirarse del TPP (Trans-Pacific Partnership). En lo que se refiere al Estado Islámico, tal vez te diga que "everybody that's touched the Middle East, they've gotten bogged down”, refiriéndose a lo empantanada que está la situación actualmente en esa parte del globo terráqueo (get bogged down = empantanarse, quedarse atrapado), pero que de cualquier manera, “we have to knock out ISIS” (knock out = tumbar, noquear, dejar fuera de combate).

Algunos temas para concluir: la segunda enmienda, la Suprema Corte y Obamacare

¿Cómo vamos Enriquito? “Bien, creo que hoy he aprendido más que en toda mi vida”. Bueno, nietecito, es que eso tampoco es mucho decir, tomando en cuenta que plagiaste tu tesis y que seguramente tus maestros siempre te pasaron por tu linda cara. Pero está bien. Todavía te tengo que hablar de algunas cosas más. “¿Todavía más?”

Sí, así es. Por ejemplo de la Second Amendment. Mira, digas lo que digas y hagas lo que hagas, no te pongas a discutir con Mr. Trump sobre el derecho de la gente a portar armas. “¿De eso trata la segunda enmienda?” Sí.

Y en lo que se refiere a la Supreme Court of Justice, pues ahí no tienes ni vela en el entierro, pero no estaría de más que le entendieras, en lugar de simplemente darle el avión, que a él ya le van a dar el Air Force One. Mira, si te quieres llevar bien con él, pues dile que tú prefieres a un conservative justice y no a un liberal justice para tomar el lugar del Justice Antonin Scalia. “¿Y qué no justice era justicia?” Sí, sí, pero también es juez y créeme que este fue un factor fundamental en la elección.

Ahora, ya nada más te hablaré de un tema más y te dejaré ir: ObamaCare. Trump ya nos dijo una y otra vez cuál es su postura al respecto: “Except pre-existing conditions, I would absolutely get rid of ObamaCare”. “¿Y eso qué quiere decir?” Pues quiere decir que se va a deshacer del plan de salud que propuso Barack Obama, con la excepción de las llamadas condiciones preexistentes. Recuerda que get rid of es deshacerse de algo.

Oye Enriquito, por cierto, ¿vas a ir a la inauguration? “¿De qué? ¿Ahora qué van a abrir? ¿Otra plaza comercial?” No, iluso, no. Así se le llama al día en el que el president-elect toma posesión, lo cual será el próximo 20 de enero en D.C. Podrías ir, visitar el Capitolio, el Obelisco e incluso ir a Arlington… y quedarte por allá, un tiempo, tampoco mucho, unos dos o tres siglos, ¿no te agrada la idea?

“Pues no sé. Tengo que ver, porque creo que la Gavi va a empezar a grabar otra telenovela. ¿Te conté que le ofrecieron exclusividad en…?” (¿Y si en lugar del ya famoso “Lock her up!” hacia Jilaria, aplicamos el “Lock them up!” hacia EPN y su séquito?)   

Manos a la obra

Ojalá que el triunfo de Donald Trump, por doloroso y aterrador que sea para muchos, nos permita ser congruentes y no sólo criticar lo que pasa en el país del norte, sino sobre todo lo que sucede aquí. Los próximos cuatro años estarán llenos de retos y dificultades, pero también de muchas oportunidades para que ambos países redefinan su relación, una de las más ricas y a la vez complejas en todo el mundo. Mr. Trump es el menor de nuestros problemas. Nuestros problemas reales pasan más bien por nuestra mediocridad y nuestra flojera mental. En cualquier caso, un excelente nivel de inglés nos permitirá mejorar nuestra comunicación con Trump y con el resto de los estadounidenses. ¿Qué le dirías a Donald si lo tuvieras enfrente? ¿Le dirías: “Mire Mr. Trump, si quiere hacer la pregunta en inglés se vale. However, I will answer in Spanish, so everybody can understand what I’m going to say”? ¿O estarías realmente preparado?

Puedes compartir cualquier duda, pregunta, comentario o sugerencia escribiendo al correo electrónico juan.garciavaldes@cadlenguas.com

Visita CAD Lenguas en Facebook: 
 y dale like a nuestra página.

¿Interesado en una clase de inglés en la que realmente puedas aprender y avanzar? Comunícate conmigo al 722-6113296 (WhatsApp).

jueves, 3 de noviembre de 2016

Los 3 pecados capitales al querer aprender inglés

Juan Carlos García Valdés

Lujuria, pereza, jugar Pokémon Go, irle al Cruz Azul después de casi 20 años sin títulos de liga, envidia, avaricia, pasarte horas y horas en las redes antisociales. No. Hoy no les hablaré de los siete pecados que normalmente conocemos. Hoy les hablaré de aquellos que mucha gente comete cuando trata de aprender inglés. Estos son, como su nombre lo indica, de tal magnitud que pueden parar en seco todos los avances o todas las posibilidades de mejora. Por ello, es mejor no ser pecadores y abstenernos de cometer los siguientes tres yerros:

Pecado #1: Quererlo traducir todo

Este pecado es mayúsculo por dos razones fundamentales. Punto número uno: encontrar las palabras exactas en nuestro idioma para una frase en lengua inglesa no siempre es sencillo y, punto número dos y lo más sorprendente, no siempre es necesario.

Pongamos el siguiente ejemplo: En inglés, la edad se dice usando el verbo to be, a diferencia del español que utiliza tener. Así las cosas, mientras en español decimos “Yo tengo veinte años” o “Ella tiene cincuenta años”, en inglés expresamos “I am twenty years old” o “She is fifty…”.

Las personas que lo quieren traducir todo, a menudo hacen preguntas y comentarios del siguiente tipo: “¿Yo soy veinte años viejo? Eso no tiene sentido”. Y, en efecto, no tiene sentido si lo decimos así, pero como diría el famosísimo Juan Gabriel, que ya descansa en paz, “pero qué necesidad, ¿para qué tanto problema?” Juan Gabriel tuvo la razón al decir lo anterior porque lo fundamental no es encontrar la oración perfecta que diga lo que previamente se está diciendo en inglés, sino simplemente comprender el mensaje y actuar en consecuencia.

La segunda razón radica en el hecho de que este mal hábito nos quita mucho tiempo y es que los entusiastas de la traducción no intentan traducir una palabra o una frase nada más, sino prácticamente todas las palabras y todas las frases.

George Steiner, a quien ya nos referimos brevemente en una de las entradas anteriores, señala lo siguiente: “Sin traducción, habitaríamos provincias lindantes con el silencio”. Steiner tiene toda la razón. ¿Pueden concebir nuestro mundo sin Shakespeare y sin Nietzsche, sin Molière, sin Oe y sin Frankl? En el mundo de las ideas y la literatura, dicha sentencia es, por supuesto, atinada. Sin embargo, cuando se trata del mundo del aprendizaje del inglés (Steiner no tenía ninguna intención de hablar de esto), la afirmación es paradójica: entre más traducimos, más nos alejamos de la comunicación y más nos acercamos al mutismo.

Imagínense en una conversación futura con nativos del inglés. Ellos no van a querer que ustedes se la pasen traduciendo todo al español. Lo que ellos desearán es que ustedes tengan el nivel suficiente para que el diálogo sea interesante, entretenido y, de preferencia, revelador.

Así es que la próxima vez que les pregunten algo, conténganse y usen la política de cero traducciones. Por favor, limítense a contestar y a hacer que la conversación avance.

Pecado #2: Buscar explicaciones donde simplemente no las hay

Regresemos al verbo to be, ahora para decir la edad en inglés. ¿Pero por qué se usa ser o estar y no tener? ¿Por qué la palabra queue se pronuncia como se pronuncia? ¿Por qué advertisement se pronuncia tan diferente en inglés británico y en inglés americano? ¿Por qué usan ain’t? ¿Por qué después de want y de need se usa to cuando se quiere colocar otro verbo, pero después de avoid y de enjoy se usa ing? ¿Por qué hay verbos irregulares? ¿Qué no hubiera sido más fácil que todos los verbos terminaran en ed?

Preguntarnos todo lo anterior es más que válido, pero vivir permanente con dichas preguntas es sencillamente tonto. Imagínense que cuando fueran niños, se hubieran negado a usar los verbos oler y caber sólo porque nadie les dio una explicación convincente de las razones por las que se dice “yo huelo” y no “yo olo” (pero sí “nosotros olemos”) y de por qué se dice “yo quepo” y no “yo cabo”.

Ah… pero bien que cupiste…. cabiste… no, pues así no se puede, de verdad. Para la mayoría de nosotros, los mortales, hay dos opciones: o volvernos unos eruditos en los tejemanejes del lenguaje o hablar el idioma. Cada quien decide qué quiere y si alguien logra los dos, pues nos marca para celebrar, pero es algo poco común, poco, poco común.

Advertencia adicional: Quien quiera volverse loco que se ponga a estudiar las reglas de la pronunciación del inglés. Mi experiencia me dicta lo siguiente: al quererlas estudiar, empieza a haber tantas excepciones, que es mejor utilizar otro enfoque al respecto.

Pecado #3: La inconstancia

¡Pero somos mexicanos! ¿No sería traición a la patria si empezáramos a ser constantes y disciplinados? La respuesta es no. Como dice Benny Lewis, el políglota famoso de la tierra de James Joyce y Robbie Keane, palabras más, palabras menos, cuando uno quiere aprender realmente un idioma, no hay tiempo que perder.

La constancia empieza hoy y si se termina mañana o pasado mañana es pura palabrería. El “quiero aprender inglés” debe ir acompañado de acciones concretas e inmediatas. Concretas e inmediatas, pero también inteligentes y estratégicas.

Como dice el proverbio chino, “un viaje de diez mil kilómetros empieza por un solo paso”. Avancemos “sin prisa, pero sin descanso” (Goethe) y logremos que lo que dijo Baudelaire sea cierto: “una sucesión de pequeñas voluntades consigue un gran resultado”.

Manos a la obra

Si realmente quieren avanzar, no traduzcan todo, no busquen explicaciones que son inexistentes o, por lo menos, innecesarias y sálganse de la epidemia de la inconstancia y de la flojera. Alcanzar un excelente nivel de inglés no se consigue de la noche a la mañana, sino cada noche y también cada mañana. “Sin prisa, pero sin descanso”, ¡que frase tan cierta y tan bella del creador de Así habló Zaratustra!... practiquen, practiquen y canten y lean y sean felices usando en idioma.

Puedes compartir cualquier duda, pregunta, comentario o sugerencia escribiendo al correo electrónico juan.garciavaldes@cadlenguas.com

Visita CAD Lenguas en Facebook: 
 y dale like a nuestra página.

¿Interesado en una clase de inglés en la que realmente puedas aprender y avanzar? Comunícate conmigo al 722-6113296 (WhatsApp).

jueves, 27 de octubre de 2016

Primera autoentrevista: El aprendizaje desescolarizado y un acercamiento inusitado a la teoría triangular del amor

Juan Carlos García Valdés

Jueves por la mañana. En uno de los Starbucks de la ciudad. Suena Pendulum de Eberhard Weber. Juan Carlos ha leído recientemente La sociedad desescolarizada de Iván Illich y esto ha hecho que se replantee infinidad de cosas en torno a la educación, en general, y al aprendizaje del idioma inglés, en particular. De la voz de Juan Carlos salen dos voces más: Juanich, que acaso se ve sumamente influido por las ideas del pensador austriaco, y Juan Raiter, la voz que entrevista. Hemos convocado a Juan Sepp, pero no ha llegado a la cita. Sepp es un acérrimo rival de Juanich y señala que la escuela tiene un rol fundamental en la educación y en el aprendizaje de una segunda lengua. ¿Obvio no?... ¿O no tanto?

Aquí el texto íntegro de la entrevista/conversación entre los Juanes:

JUAN RAITER:          Tal vez siguiendo las ideas del gran pensador austriaco, Iván Illich, recientemente has empezado a abogar por sacar por completo el aprendizaje del inglés del salón de clases. ¿A dónde llevar este intento de aprendizaje entonces?

JUANICH:                No podemos continuar sin reconocer una realidad: la gran mayoría de nuestra población toma clases de inglés en la secundaria, en la preparatoria y en la universidad y, desafortunadamente, aquellos que alcanzan un nivel intermedio-avanzado son una excepción.

JUAN RAITER:             ¿Se debe esto a la poca preparación de los docentes de inglés?

JUANICH:                  Un análisis simplista nos diría eso y, por ende, nos llevaría a preparar más a nuestros maestros. No obstante, yo creo que tenemos que pensar de manera holística y, a veces, radical. El simple hecho de intentar el aprendizaje del inglés en el salón de clases ya es lo bastante irracional como para seguir intentándolo /

JUAN RAITER:              Pero finalmente, ¿siempre ha sido así o… me equivoco?

JUANICH:                   ¿Y podemos conformarnos con que las cosas siempre hayan sido de esa manera? Por supuesto que no. Que se hayan hecho siempre así no implica que esa es la manera de proceder y en el caso de los idiomas hay una prueba irrefutable: el 100 por ciento de los seres humanos aprendieron su lengua materna fuera del contexto del aula. ¿Por qué cambiar las cosas cuando se trata de una segunda lengua?

JUAN RAITER:          Los especialistas, los expertos, se referirán frecuentemente, dado que muchas personas comienzan el aprendizaje de una segunda lengua no en la infancia, sino después, a Lenneberg y su hipótesis del período crítico, la idea de que “la capacidad para adquirir el lenguaje merma al alcanzar la pubertad”.

JUANICH:                    Podemos debatir a Lenneberg, pero yo creo que lo fundamental es que hay otras cosas que merman al crecer: el tiempo para aprender, la motivación y la necesidad. El otro día estaba viendo un curso de Yale University sobre psicología y el maestro explicaba de forma brillante la teoría triangular del amor de Robert Sternberg. Yo quedé fascinado con su explicación y la verdad es que por un momento me quedé pensando en esa tríada. Para que haya un amor consumado tiene que haber, según Sternberg, pasión, intimidad y compromiso. Y después me puse a pensar: ¿Y para que haya fluidez en un idioma qué tiene que haber?

JUAN RAITER:              ¿Y a qué respuesta llegaste?

JUANICH:                     A que la tríada en este caso se compone de la necesidad, de un suficiente input lingüístico, que nos llevaría a hablar sobre Stephen Krashen, el gran Krashen, y de la motivación. Si tienes los tres durante un período considerable, la fluidez se desarrolla. Si, por el contrario, uno o dos o los tres aspectos faltan, la fluidez invariablemente sufre.

JUAN RAITER:      Hablas de un período considerable, ¿cuál es este período considerable?

JUANICH:                  La gente siempre te pregunta en cuántos meses o años van a poder hablar bien el idioma y las mismas escuelas de inglés te lo venden así: vuélvete bilingüe en cinco meses o en dos años. Yo creo que plantearlo en semanas, meses o años es un error. Lo que cuentan son las horas.

JUAN RAITER:             ¿Las horas?

JUANICH:                   Te cuento un poco al respecto. Todo empezó con esta idea de Malcolm Gladwell de que se necesitan 10 mil horas para ser un experto en un campo o en una profesión determinada. Ya sabes, la curiosidad surge de algo que lees o ves y luego se va apoderando de ti. Pues, un buen día, intrigado por el hecho de que mi alemán no logra ser tan bueno como mi inglés, me di a la tarea de hacer memoria y tratar de contabilizar, lo más exactamente posible, cuántas horas había usado el inglés en mi vida y cuántas alemán.

JUAN RAITER:             ¿Y cuál fue la cuenta?

JUANICH:                Después de hacer cálculos y cálculos llegué a los siguientes datos: hasta ese momento había usado el inglés 4,277 horas. Obviamente no conté las horas de inglés que he impartido porque, quiérase o no, muchas de esas horas son horas de repetición. A lo que me refiero es que son horas de lo que yo llamo verbo to be. Ya sabes. En México casi nadie habla inglés, pero si contáramos el número de clases sobre el verbo to be a las que cada mexicano ha asistido, bien podríamos darle a cada quien una maestría o un doctorado al respecto. En fin, esas horas no las conté. Sólo conté las horas que tomé de clases cuando estudiaba, que usé el inglés con mis amigos, que leí, que vi películas, que estuve en el extranjero usando dicho idioma.

JUAN RAITER:             ¿Y en alemán? ¿Cuántas horas fueron?

JUANICH:                    En alemán fueron 974 horas. O sea que mi inglés debería de ser cuatro veces mejor que mi alemán, lo cual es cierto.

JUAN RAITER:              En cuanto a /

JUANICH:                     Déjame nada más comentarte algo más, porque aquí viene lo interesante: mi francés. Si me das a escoger entre hablar alemán o francés, no lo pienso ni dos segundos. Escojo alemán. Porque me siento mucho más cómodo hablándolo. Pero, ¿sabes qué? Se reduce a lo mismo. Conté el número de horas que he usado francés en mi vida…

JUAN RAITER:               ¿Y cuántas fueron?

JUANICH:                    Fueron 414, lo que quiere decir que aunque mi alemán no es tan bueno como mi inglés, por lo menos es el doble de bueno que mi francés. Y sólo un dato más...

JUAN RAITER:               A ver…

JUANICH:                       Ya con esa información /

JUAN RAITER:              La gente ha de pensar que no tienes nada que hacer.

JUANICH:                       Sí, es cierto. Me parezco a muchos de ellos…

JUAN RAITER:              Me decías…

JUANICH:                  Te quería decir, quería compartir contigo un dato que te va a dejar, como decimos coloquialmente, de a seis. ¿Te acuerdas de mi número de horas de inglés, verdad?

JUAN RAITER:             Novecientas seten… no, esas son las de alemán. De inglés, lo apunté, por aquí… eh… cuatro mil doscientas…

JUANICH:                      Sí, aproximadamente. ¿Y quieres saber cuántas horas llevo en español?

JUAN RAITER:              ¿Cuántas?

JUANICH:                       Un poco más de 132,000 horas.

JUAN RAITER:              ¿Ciento treinta y dos mil horas?

JUANICH:                   Más o menos. Lo genial de esto es lo siguiente. Imagina que cada día de tu vida usas tu idioma materno un total de trece horas. ¿No es descabellado o sí?

JUAN RAITER:              No…

JUANICH:                   El día tiene 24 horas. Duermes 8, idealmente. Te quedan 16. Digamos que tres horas ocupaste otro idioma o hiciste algo que no implicaba el uso del español: jugaste futbol, corriste, algo parecido. En un año juntas 4,745 horas. Ahora imagínate esto: un niño. Contémosle las horas. Digamos que empieza a los dos años. No. Vamos a decir que empieza realmente a los tres años. Antes hay balbuceos y ya conoce muchas palabras, pero sólo por cuestiones del cálculo, empecemos a contar las horas cuando cumple tres años. Tan sólo a los seis años, cuando empieza la primaria más o menos, ya lleva 14,235 horas.

JUAN RAITER:              O, como diría Gladwell, ya es todo un experto.

JUANICH:                   Es que es eso. El número de horas que uno practica en su idioma materno es impresionante. Por eso podemos hablar tan rápido, entenderlo prácticamente todo y lo maravilloso es que aun así, jamás nos sabemos todas las palabras…

JUAN RAITER:              ¿Y cómo juntamos todas esas horas en inglés, por ejemplo?

JUANICH:                      A eso iba al principio de la entrevista. Mira. El salón de clases simplemente no es el lugar adecuado para el aprendizaje de un idioma. Regresemos por un momento a la teoría triangular del amor de Sternberg aplicada a la fluidez. En un salón de clases, al menos en el típico salón de clases de inglés de cualquier escuela mexicana, no hay necesidad. Si hablas en español, todos te entienden y hay algo que debemos recordar: el ser humano va a optar normalmente por lo fácil, por lo cómodo. Si me tengo que comunicar contigo, si tengo que chismear contigo, si tengo que intercambiar cierta información, normalmente voy a elegir el idioma más fuerte entre los dos y en México ese idioma es el español.

JUAN RAITER:              Por lo visto no hay necesidad. ¿Y los otros dos aspectos?

JUANICH:                      No hay suficiente input lingüístico. Ya no digamos en el aula, donde es raquítico, sino afuera de ella. Sales de tu clase de inglés y todo es en español. Ahora bien, sobre la motivación… eso puede variar dependiendo de la persona. Pero una vez más. Si la belleza del idioma se reduce a contestar ejercicios gramaticales, no hay motivación que dure lo suficiente para llegar a 5,000 o 10,000 horas. Es antihumano.

JUAN RAITER:             En eso estaba pensando, precisamente. Si sólo vas a tus clases de inglés, ¿cuánto tiempo necesitas para llegar a 10,000 horas?

JUANICH:                     No, es prácticamente imposible. Necesitas practicar por fuera. Pero mira, tampoco es que todos tengan que llegar a las dichosas 10,000 horas. No es que si tienes 8,000 o 7,000 tu inglés va a ser muy malo. Al contrario. Hace falta mucha investigación al respecto, pero las metas están más o menos así: con mil horas estás en un nivel pre-intermedio, con dos mil quinientas estás en intermedio, lo que implica que puedes pasar un FCE o TOEFL, si lo que te importa es conseguir una certificación, y arriba de eso ya estamos hablando de niveles intermedio-avanzado o avanzado.

JUAN RAITER:              Estaba haciendo el cálculo, mentalmente…

JUANICH:                       A ver…

JUAN RAITER:           Hay muchos cursos de lengua, en las universidades o en centros de idioma, que son de 70 horas al semestre. Si quieres llegar a ese nivel intermedio del que hablas… 2,500 horas, entonces necesitarías… estoy haciendo la cuenta… dos quinientos entre setenta… estamos hablando de treinta y cinco… ¡35 semestres!

JUANICH:                       Diecisiete años y medio, si sólo practicas en clase…

JUAN RAITER:              Por eso la importancia de practicar por fuera. Ahora, algo que quería preguntarte es lo siguiente: ¿qué cambiamos entonces?

JUANICH:                       Mucho.

JUAN RAITER:            ¿Cómo le hacemos para que haya esa necesidad, ese input y esa motivación de las que hablabas?

JUANICH:                    En el salón de clases difícilmente las va a haber. Cuando mucho puedes influir en que la motivación de tus estudiantes crezca. Y a lo mejor eso les lleva a buscar más input por fuera. Pero la necesidad casi siempre queda de lado, y como diría Sternberg… sin uno de los tres…

JUAN RAITER:               No hay amor verdadero /

JUANICH:                        Consumado, amor consumado /

JUAN RAITER:          Cierto, cierto. Pero entonces, ¿no termina siendo la única opción enviar a todos a Estados Unidos o a Inglaterra?

JUANICH:                    Pero a qué costo. Es que no es factible. Te cuento una anécdota que puede ayudarnos mucho. Hace dos meses y medio empecé a darle clases de español a una alemana que está de visita en México.

JUAN RAITER:              ¿Ya sabía algo de español?

JUANICH:                       Nada. Sólo sabía decir hola, literalmente.

JUAN RAITER:              ¿Y ahora?

JUANICH:           Es a lo que voy. Dos meses y medio después tenemos conversaciones de hora y media o dos horas en español. Y claro que a veces no le entiendo, a veces le corrijo cosas, a veces se desespera, pero en sólo dos meses ya puede hacer lo que la mayoría de mis alumnos de inglés no pueden hacer después de cinco, diez o quince años.

JUAN RAITER:            Pero no es un poco aceptar la idea de que entonces deberíamos enviarlos a todos al país donde se habla el idioma.

JUANICH:                      Esta chica alemana tiene la ventaja de estar en México. Tiene la necesidad de hablar, hay input suficiente y su motivación ha ido creciendo, pero vuelvo a la idea de que no es factible enviar a todos a Londres o a Nueva York… ni para nosotros los mexicanos, ni para los alemanes, ni para ningún país, por más rico que sea… no hay recursos suficientes para ello /

JUAN RAITER:              ¿Entonces?

JUANICH:                    Variemos un poco el dicho. Si tú no vas a la montaña, haz que la montaña venga a ti. Trae a los extranjeros a tus escuelas y a tus universidades.

JUAN RAITER:        Suena interesante, pero hay una objeción que me gustaría plantear. Eso ya se hace. Tú mismo trabajaste en una universidad donde había varios extranjeros y el nivel de inglés de los estudiantes no aumentó significativamente.

JUANICH:               Totalmente de acuerdo, pero es que pasa lo siguiente: Al extranjero se le termina institucionalizando, se le ve como un maestro más, se le dice “ve a tal clase e imparte el tema del verbo to be”…

JUAN RAITER:               Por enésima vez…

JUANICH:                    Sí. “checa a quién le faltan clases para que le demos la maestría de I am, you are, he is”. Y eso es lo que hay que cambiar… lo que hay que cambiar es la relación que los extranjeros tienen con los aprendices… hacer que la interacción sea mucho más natural. ¿Cómo? Poniendo al extranjero en la cafetería y no en el aula, haciendo que jueguen futbol juntos, que vayan a excursiones juntos. Es que es a lo que voy siempre. Le pasa al extranjero, pero le pasa también al maestro. El maestro está por un lado y los alumnos por el otro, como si fueran equipos contrarios, antagonistas en el proceso de aprendizaje y eso no debería de ser verdad. No tienes input suficiente, no hay la necesidad de hablar el idioma y la motivación ni siquiera se fomenta. Perdón por la expresión, pero estamos fritos.

JUAN RAITER:             Coincido, pero a la vez pienso en otro ejemplo: La Facultad de Lenguas donde estudiaste. Ahí había extranjeros, algunos maestros y otros estudiantes. Pero centrémonos en los estudiantes extranjeros: a muchos de los estudiantes mexicanos les daba pena acercarse y hablar en inglés. ¿Cómo combatir esto?

JUANICH:                      Lo que falta es ganas de mejorar y conciencia de que se debe buscar práctica adicional tanto como sea posible. Pero a las instituciones también les falta directriz. Tráete a diez extranjeros que hablen inglés. Si quieres, regálales un curso de español, pero a cambio hazles saber que una de sus funciones principales es acercarse al alumnado e iniciar pláticas en inglés. ¿Y sabes algo? De preferencia tráete personas que prácticamente no hablen español. Algunas de las pláticas serán exitosas y otras no tanto, como todo en la vida. Pero lo cierto es lo siguiente: por fin habrá la necesidad de usar el idioma. Saca a tus alumnos del aula y esas dos horas de clase que sean dos horas de conversación.

JUAN RAITER:              ¿Y los maestros?

JUANICH:                    Los maestros están ahí para ayudar a sus alumnos a expresarse. Es un ganar-ganar. Planean menos, se estresan menos y los estudiantes aprenden más.

Manos a la obra

¡Sí! ¡Manos a la obra!

Frase sobre el período crítico, tomada de:

Puedes compartir cualquier duda, pregunta, comentario o sugerencia escribiendo al correo electrónico juan.garciavaldes@cadlenguas.com

Visita CAD Lenguas en Facebook: 
 y dale like a nuestra página.

¿Interesado en una clase de inglés en la que realmente puedas aprender y avanzar? “¿Para qué una clase????” “¡¿Después de lo que escribe aquí???!!!”Comunícate conmigo al 722-6113296 (WhatsApp).